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POR LOS SUEÑOS DEMENTES

El Mante, Tamaulipas, domingo, 17 de enero de 2010
por Ausencio Martínez Lucio

Voy por el mundo de lo intangible a los demás, vagando por las calles, con la vista perdida; buscando la dulzura de sueños incomprendidos, haciendo ademanes y gestos de dolor y tristeza, de ternura, de melancolía, de alegría, de llanto; haciendo muecas casi siempre indefinidas confusas.
Quizás haya algo que pueda llamarme a la luz de la conciencia, mas, no sería mejor vivir como lo hago, pensar lo que siempre pienso aunque a los demás parezca solo signo de mi locura.
Veo a la gente, voy caminando, me detengo, observo su ir y venir y con una de mis muecas melancólicas bañadas de ternura e interrogación, levanto la mirada a las torres de la iglesia buscando respuesta a mis preguntas en donde quizá sea el único lugar en que podría encontrarla, después de tanto divagar, de tanto tiempo de estar frente a la iglesia, después de haber escuchado la voz de lo divino, a quien siempre presento mis angustias y mis quejas, camino de nuevo, saludo a los animales, a los baches, al maniquí del escaparate; me pongo a buscar comida. Converso con el poste de la esquina extraña, esa en la que hay un árbol, donde noches antes, en una de sus ramas, descubrí un tránsfuga; entonces me doy cuenta que en ningún momento he dejado de sentirme transido por el suceso y creo que, al menos, en ese particular puedo estar tranquilo por la seguridad de mi persona, tengo demasiadas cosas en la cabeza o soy poco valiente como para atentar contra este loco.

Sigo a mis pies calle abajo, llego hasta donde abundan los vendedores ambulantes de tacos, de tortas., Como vorazmente los desperdicios que me regalan y agradezco con una sonrisa-mueca mientras me alejo deseando complementar el remedio para que dejen de molestar mis intestinos.

Ser loco, contra lo que muchos piensan, no es fácil; el otro día tuve una discusión muy cruda con un perro, el estúpido afirmaba hasta con los dientes que de un año a otro, cualquier día la luna daría con el escondite de nuestros sueños ocultos, desde entonces no tengo quietud, porque, qué otra cosa puede quedarnos a los locos sino el hermetismo perpetuo de nuestros sueños; es a través de ellos como podemos escapar de una realidad que nos asfixia cada que resollamos y no dudo un solo instante en gritar y maldecir para, de esta manera, ahuyentar a los fantasmas invisibles a la gente común.

Tanto hemos derivado por la vida, que muchos de nosotros pudiera decirse que llevamos recorrido el mundo más de una vez. Aunque definitivamente es más desgastante dejarse conducir por las inestables marejadas del corazón; tal vez al igual que Rasputín, nuestro espíritu aventurero un día nos pierda. Seguro es, entonces, que al tratar de ensalzar los sentimientos como único génesis del raciocinio, demos por fin al traste con la frágil memoria de nuestros ancestros.
Éstas y otras cuestiones irremediablemente en voz alta y a tropezones, diserto ante contrincantes generalmente imaginarios, a veces me dejan callado, señal inequívoca de que no soy el único loco que deambula por estas callejas.
Por fin, cuando se acerca la noche, sigo calle abajo en busca del rincón negro, donde, desde hace dos lunas he instalado mis aposentos, que no son otra cosa que algunos cartones y dos costales llenos de quién sabe; cuando llego ahí se aleja toda mueca, toda sonrisa o todo gesto que pudiera reflejar un estado de ánimo en mi rostro y parece que ahora se transformara en la faz de toda la gente: una máscara insensible, de tejido viviente sí, pero sin alma; sin embargo no lo es, está lejos de serlo.
Algunas personas me observan curiosas por momentos y estoy seguro que piensan: pobre loco, me da lástima, vive casi vegetalmente, con el cerebro en blanco, sin razonar, sin siquiera un pensamiento que cruce por su mente desierta; si es así no, yo no estoy loco, tengo un alma en el cuerpo y me tiemblan las manos, sueño con la justicia y la paz en el mundo, pero, si demencia es amar en la forma inefable como lo hace mi alma, entonces sí soy demente, si es vagar inevitablemente por las calles olvidadas sin lograr que se cumplan mis sueños, entonces sí estoy loco, entonces sí estoy loco, entonces sí estoy loco..

Noviembre de 1992

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