CARTA A VIOLA

Alicia Caballero Galindo

                                                                  A LA MEMORIA DE VIOLA MARGARITA CABALLERO GALINDO,

                                                                              QUIEN CUMPLIRÍA AÑOS EL PRÓXIMO 20 DE FEBRERO.

QUERIDA HERMANA:

Después de mucho tiempo de estar separadas, hoy, yo desde mi espacio y tú desde donde te encuentres, quiero decirte lo que antes no fue posible expresarte porque no entendías mis palabras, sin embargo, sí comprendiste mi amor filial porque existen formas de decir te quiero sin pronunciar palabra alguna. Tú vivías en un mundo extraño al mío mágico, con formas y habitantes que yo no conocía, sólo te veía pronunciar sonidos que a mi vez, no comprendía y a veces te miraba sentada en tu sillón de palma con tus ojos almendrados, negros como misteriosos lagos, perdidos en el horizonte; vivías otra realidad, un mundo paralelo al mío, ambos se rozaban y con frecuencia logramos transgredir esa frágil y paradójicamente infranqueable barrera que separaba nuestras realidades y yo lograba por momentos asomarme a tu mundo y tú al mío. Eran sólo instantes, pero bastaban para encontrar miles de razones para querernos, así, sin palabras que mediaran.

Cuando tuve conciencia de mi existir hace ya muchas primaveras, ya estabas en nuestra casa; llegaste cuatro años antes que yo. Crecí escuchando tus lenguajes, jugué contigo imaginando que me entendías y disfruté de tu dulce compañía a pesar de que tú estabas en tu mundo y yo en el mío. Bien recuerdo tu deleite cuando los domingos salíamos con nuestros padres a pasear por las calles de una pequeña ciudad, nuestra querida ciudad Victoria, con autos que marchaban lentos por las calles y saludábamos a muchas personas porque casi todos nos conocíamos. Recuerdo tu sonrisa pura y luminosa, asomada por la ventanilla abierta disfrutando del aire y el movimiento de las calles. Nunca entendí a mi corta edad, por qué la gente te miraba con curiosidad y extrañeza. Pero al fin niña, lo olvidaba para dar paso al placer de pasear las dos juntas con nuestros padres. Lo que si me causó dolor cuando entré a la escuela, fueron los comentarios de algunas compañeritas que decían “ella tiene una hermana loca”. Un día llegué llorando a mi casa y mis padres con profundo amor me explicaron que mi hermana vivía en un mundo mágico que los demás no entendían y yo era una niña afortunada porque podía entender y amar a mi hermana que era especial. La explicación me dejó muy satisfecha y continué con mi vida cotidiana disfrutando el privilegio de tener en mi casa un ángel que Dios nos regaló.

El tiempo nos vio crecer y mi vida tomó su propio rumbo, acepté mis retos y crecí… tú seguías en tu mundo mágico de formas, colores y personajes que yo no conocía, pero imaginaba; sin embargo, siempre tenía un momento del día para compartir tu compañía y sentir que nuestras realidades se rosaban. Te hablaba sin que me entendieras, pero yo sentía bonito saber que tenía una hermana, nunca tendría sobrinos, pero no importaba, tener una hermana era un privilegio.

Cuando nacieron mis hijos, te miraban y preguntaban… aprendieron también que tu mundo mágico sólo a ti te pertenecía. Te amaron mientras nos acompañaste en esta maravillosa aventura que es la vida.

Te fuiste apagando sin sufrimientos ni penas y un día cualquiera, Dios te llamó porque consideró que tu misión estaba cumplida; llenaste de luz y de paz nuestras almas, nos enseñaste a aceptarte y amarte, así como eras, mis padres esperaron 16 años a que llegaras y fuiste un premio a su paciencia y amor, te aceptaron sin preguntas ni quejas ni prejuicios y me enseñaron a aceptarte como eras y a amarte. Fuiste una maestra maravillosa y un manantial de amor donde abrevamos todos.

El tiempo de tu partida a veces lo veo tan lejano y otras, creo que fue ayer cuando te fuiste y aún escucho por la casa tus lenguajes y el eco de tus pasos…Hoy que vives en la dimensión de lo divino despojada de un cuerpo extraño que guardó tu alma por un tiempo, puedes entender el lenguaje de mi alma y leer esta misiva que te escribo. Me hubiera gustado mucho compartir contigo mis penas y alegrías, mis dudas y temores, sin embargo, sabía que me querías tanto como yo a ti y ahora desde tu mundo me sonríes y entiendes lo que fuiste para mí. Cada vez que veo un niño o niña con tus rasgos, me detengo lo acaricio y si puedo estampo un beso en su mejilla, pensando que es la tuya. Sé que mis besos te llegan a donde estés.

Gracias a Dios por el privilegio que nos concedió al tenerte 34 años entre nosotros físicamente, gracias a ti, querida hermana por la luz que derramaste entre nosotros las sonrisas puras que nos prodigaste, los abrazos que nos diste y las enseñanzas que nos dejaste. Hoy puedes entenderme y despojada de ataduras materiales, puedes integrarte a los latidos de mi corazón.

Hasta pronto Viola.

Con cariño, tu hermana menor.

Alicia

P.D. Una vez escrita esta carta, subiré a lo más alto de una montaña, la quemaré y esperaré que el viento amigo lleve mis palabras hasta donde estés para que la puedas leer.

MAYO 19 2013

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