SAL

  JUAN JOSE MORALES RODRIGUEZ   — ¿Qué tienes? El hombre que aparentaba treinta años no se molestó en responder, pues la verdad es que no había escuchado la pregunta. Se mantenía absorto, mirando fijamente a través de la ventana, era una hermosa vista la que lograba divisarse desde el cuarto piso, claro está, mas no era ésta en realidad la que tomaba de rehén su atención, pues hasta pareciere que ni él mismo sabía qué era, al igual que el muchacho de veintidós años allí presente, que, al no obtener…

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HOJAS AL VIENTO

  Arturo Guerrero Camero     Es una tarde llena de calor, un calor que abraza, acaricia y quema. Después de un largo día de trabajo, sin prisas, camino por la plaza de mi ciudad. Veo niños sonriendo, y personas adultas con presuroso andar. De pronto me encuentro ante una banca metálica, de aspecto un tanto descuidada con su pintura desgastada por el uso diario y las inclemencias del tiempo. Parece pedirme le haga compañía en su soledad. No puedo resistirme, y me siento en ella. De la mochila que…

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OJO DEL HURACÁN

  CARLOS ACOSTA     Estuve una vez en el centro del huracán. Una sola vez. Sabíamos, por noticias de la radio, que un ciclón categoría cinco se acercaba. Guardamos provisiones, sellamos ventanas con cinta adhesiva en los cristales, atrancamos puertas, dejamos a mano lámparas y documentos personales. Había llovido durante cinco días y cinco noches. Era una lluvia de esas que ni se quedan ni se van. A ratos llovizna terca, de tarde aguaceros locos y amanecía pringando. El viento, ahora manso, apenas hacía cabecear a los altos eucaliptos…

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RETO

Jana Castillo   4:30 p. m. Niebla espesa y lluvia pertinaz. Apenas recorrí unos metros del total de siete kilómetros cuesta arriba que me separan de mi destino. Jadeante y sudorosa observo el frente del camino y me planteo asustada: ¿será buena idea regresar ahora? Tengo miedo. Me detengo y acepto esta realidad: Tengo miedo. Inhalación profunda. Cierro los ojos y me permito sentir el aire recorriendo mi interior; lo imagino pasando por cada órgano. Le acompaño en su trayecto, llegando hasta los dedos de los pies y de regreso.…

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  ¡TODO POR LA LLUVIA!

ALICIA CABALLERO GALINDO No para de llover. Si te fijas, Pedrito, no sopla ni una brizna de viento y pareciera que una regadera gigante estuviera descargando el agua sobre la ciudad. De hecho, ya llegué tarde a la oficina, lo malo es que checo con mi huella digital, ni modo que algún compa lo haga por mí. Eso sí que es una desgracia, ya no nos podemos ayudar. Baldomero Argumedo se asomaba por la ventana del bar donde hacía estación antes de llegar a la oficina por las tardes; era…

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LA HIJA DEL POETA

KARLA ACOSTA     Cando desperté, la mañana apenas se colaba por debajo de la cortina. No había terminado de abrir los ojos, cuando casi de la misma manera que la luz, llegó a mí un pensamiento que no era como el resto; los demás enumeraban mis pendientes: que ya era tiempo para despertar, que no olvidara las llaves como el día anterior y que llevar el desayuno desde casa siempre era una buena idea. En un cuaderno de espiral verde y hojas teñidas de tiempo una imagen en pluma…

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 LA PRIMERA CASA

        Vosotros, a quienes no pude salvar, escuchadme. Intentad entender estas simples palabras ya que de otras me avergonzaría.   Czeslaw Milosz   La primera casa que compramos estaba en una de las últimas calles, del último barrio, de la ciudad a la que recién, hacía apenas dos años, habíamos llegado como una tribu que vuelve al manantial. Yo, en especial, me quería comer, no solo la casa, sino la ciudad, el país, el mundo. Hablo aquí de la familia nuclear, que en aquella época estaba conformada…

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GRACIAS ALBERTO

MIGUEL ÁNGEL VILLALOBOS GÓMEZ Esta vez, por una sola y única vez, les contaré algo que nunca sucedió. Una noche desperté, no recuerdo la fecha, debido a mi mala memoria y a que sucedió hace casi medio siglo, solo puedo decir que eran los últimos de los años sesenta del siglo pasado. Una noche desperté, decía, y me encontré en el piso de tierra de una casa de lámina de cartón negro y de apariencia aceitosa, sobre un cartón de una caja despedazada y una colcha con olor a guardado.…

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UNA HISTORIA DE AYER

Alicia Caballero Galindo La tarde caía; el campo, tenía un aroma especial, estábamos a mediados de otoño y las nubes, poco a poco se iban acumulando sobre la sierra; se preparaban para verter su preciosa carga que representaba vida nueva; los maizales estaban en su punto, las doradas mechas de sus elotes, indicaban que era tiempo de empezar a cortarlos antes de que lloviera o cayeran las parvadas cotorras a destruir la cosecha. Eran más pequeñas que los loros y tenían el copete rojo. Don Camilo, ya estaba listo con…

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CIELO Y OLVIDO

CARLOS ACOSTA 1 El cielo es un espejismo. Existe y no. Digamos que, en todo caso, es el horizonte si vemos hacia arriba. O, dicho de otra manera, nuestro cielo es el horizonte de otras latitudes. Y como tal, es inalcanzable. Porque el horizonte parece estar ahí, pero –como diría Galeano, el sabio– te acercas un poco y se aleja un poco; corres para alcanzarlo y él también se aleja; y entre más te acercas, más se va. Ese manto que nos cubre, azul celeste, límpido cuando no hay nubes,…

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