COLUMNISTA HUÉSPED

José Manuel Izaguirre

 

Ser maestro es una maravilla maravillosa.

 

 

 

En un curso le pregunté a un compañero de trabajo acerca de cómo nombraría a un trabajo bien hecho, me dijo: ¡¡Una maravilla!! Todos sus compañeros tiraron la carcajada y a él desde ese día se lo nombró; “El Maravillas”.

 

Pero si, ser maestro es una maravilla.

 

Yo fui maestro por allá del 80 al 83 y no creo que haya sido una maravilla como tal, pero la tarea es algo maravilloso. Tienes la oportunidad de enseñar, pero más que con lo que dices, de enseñar con el ejemplo. Nunca estudié para maestro, pero buscaba y encontré mi propio método. Lo mío eran los gritos, la vehemencia y a veces hasta las maldiciones, pero me hacía entender. Todavía por la calle en el Mante, de repente escucho un grito de: ¡¡Maestro!!, volteo y es uno de mis alumnos de aquella época. Me da gusto, me siento muy bien. Me gustaba ser maestro. Tuve que dejar la profesión porque mis obligaciones con Coca-Cola y los cambios de ciudad que en aquellos años se dieron, me obligaron a ello. ¡¡Que maravilla de época!!.

 

Ahora cuando voy a dar alguna platica en las escuelas o universidades trato de ser un buen maestro. Me sigue gustando.

Por cierto en IMEP me tocó darle clases a puro “Tigre”: Paco Nevárez, José Othón Escandón, Luis Millán, Oralia Márquez, Faruk Saade. No era fácil mi tarea, pero me las arreglaba. Los primeros alrededor de 15 años mayores que yo, encumbrados, importantes, en fin, puro Tigre.

 

A mis maestros que más recuerdo son los gritones, los que se salían de la norma, por ejemplo:

 

Mi maestra Cármen Hernández: Mi primera maestra en la Agustín Melgar. Me quería mucho.

Mi maestra Rita Dueñas, por los jalones de greñas y de orejas. Era brava.

Mi maestro Pancho Velazco por los borradorazos que nos aventaba. Era un tirano.

Mi maestra Carmen López por los varejonazos que nos endilgó. Era un energumeno cuando se enojaba.

Mi maestro Acosta por los gritos que pegaba al instruirnos en los deportes. Líder.

Mi maestro Don Chucho Altamirano por sus silencios y pocas palabras. Sabio.

Mi maestro Tirso González por su sentido del humor. Inigualable.

Mi maestro Roberto Gómez por sus maldiciones. Mal hablado.

Mi maestro Miguel “El Oso” Ramírez por su dulzura. A pesar de ser Oso.

Mi maestra Nohemí Muñoz por su altísimo sentido de disciplina. Le tenía miedo.

Mi maestro Paco Nevárez por su estilo misterioso de enseñarme contabilidad. Muy celoso de su profesión.

Por supuesto que con ello me enseñaron muchas cosas.

A todos lo que no están nombrados aquí los recuerdo con mucho cariño y agradecimiento.

 

Mis nueras Linda y Kareli, son maestras. Mi sobrina Darlin Guardiola y mi primo Francisco Javier Sanchez Guerrero y su esposa Diana Cisneros también son maestros.

 

A todos ellos a los maestros ¡¡FELICITACIONES!! Por ejercer la maravillosa maravilla de ser lo que son.

(Mi amigo Lalo Salazar me decía “Maestro” y me gustaba)

 

Un abrazo.


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