DE ESTOS DÍAS

ADRIANA ALTAMIRANO

Campanadas

 

Campanadas

a una hora inusual

tocan a muerte.

Un triste suspiro

llega con el viento.

 

Me arropo en la sombra

como en una cubierta de lana.

No lloro ese muerto

que ahora reposa

en madera de pino.

 

Lamento el muro

que nos aleja.

 

A mediodía

suena la campana:

la comida está lista.

 

Crema de leche

 

Se sentía obligado a vagabundear,

no tenía un lugar a donde ir.

Su cabello despeinado, estoposo,

su mirada perdida y espantada,

causaban temor.

 

Deseaba la muerte,

se conmovía con el mudo

caer de las hojas.

Añoraba el sueño profundo,

ponía una cubierta en el corazón

para ahogar los latidos.

 

Vagabundeaba sin una meta

se embrutecía para no existir,

después, a traguitos, bebía el alba

como crema de leche,

rindiéndose

a la vida.

 

El ángel del tedio

 

El ángel del tedio

no es gracioso,

tiene un rostro pálido

ojos inmóviles,

se mueve silencioso

como una araña.

 

El ángel del tedio

hace ruido sólo

cuando bosteza,

solloza como

un motor viejo.

 

El ángel del tedio

tiene las alas arrugadas,

holgazanea día y noche

desahuciado de la alegría.

Tu mano y la mía

 

Crisálida transparente

cubre venas azulitas

falanges protuberantes

por el pasar de los años.

 

Te rozo con cuidado

miedo de hacerte daño,

en cada caricia recorro

tu larga vida.

 

Tu piel manchada,

ya no quiere ser tuya.

 

Masajeo tus yemas de los dedos

fríos, adormilados.

Te tomo entre mis brazos

tu peso siempre más ligero.

 

Nuestras manos unidas

en armonía.

Llegará el día

que te marcharás

y entonces será mi hijo

a tenerme las manos.

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