DE OIDORAS A HACEDORAS DE LA PALABRA LAS MUJERES EN LA LITERATURA

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ALGUNOS COMENTARIOS.

Loida E. Fernández G.

 

En México se considera el mes de marzo como el mes propicio para reconocer a las mujeres que se desarrollan en el ámbito social, público, como un acto de justicia a quienes somos más de la mitad de la población mundial y en quienes además recae una gran parte de las responsabilidades familiares, esas cosas que realizamos las mujeres cotidianamente, que ahí están, pero a la vez son invisibles. Me refiero a las llamadas labores del hogar.

La lucha por este reconocimiento ha sido larga y bástenos con recordar que aquí en nuestro país no fue sino hasta 1955 con el presidente Adolfo Ruíz Cortínes, que se otorgaron plenos derechos como ciudadanas a las mujeres, incluyendo, de manera especial el derecho a votar y ser votada para cargos de elección popular.

Que estas palabras sean una forma sencilla de reconocer que las mujeres el día de hoy en México y el mundo estamos donde estamos por la lucha y sacrificios múltiples, incluyendo la tortura física y hasta la muerte, de una gran cantidad de mujeres que nos han precedido, incluyendo aquellas 120 mujeres mártires de la lucha sindical obrera en los Estados Unidos que recordamos celebrando el día 8 de marzo como el día internacional de la mujer. Esa es la verdadera razón de la celebración, que yo más bien llamaría conmemoración, del día internacional de la mujer.

Todas las personas llegamos a la lectura y a la escritura siendo primeramente oidoras, siendo simples escuchas de lo que nos cuentan en casa. ¿Quién no recuerda haber tenido la fortuna de que su mamá, su  papá o a veces los abuelos o tíos le leyeran alguna historia local o universal a la hora de ir a la cama? ¿O quién recuerda sus frecuentes lecturas a sus nietos o sobrinos cuando le tocó cuidarles un fin de semana?

Yo recuerdo con mucha alegría y nostalgia los días en que estando en el jardín de niños mi abuelo me leía y me iniciaba ahí mismo en la lectura, en la tiras cómicas que salían en una de las páginas del periódico El Mundo de Tampico. De ahí brinqué a leer pequeños cuentecitos de la literatura universal, casi siempre las fábulas, con su moraleja instructora, claro, siempre ayudada por mi abuelo al que le veo aún con toda paciencia guiarme desde el deletreo hasta ir un poco más de corridito renglón por renglón, y a quien no parecía importarle cuánto tiempo tardara en leer y entender lo que leía su nieta favorita, según yo.

Ya estando en la primaria pasé a la franca lecto-escritura guiada por un bellísimo grupo de mujeres, mis queridas y recordadas maestras, desde primero hasta sexto año. Más adelante descubrí cuán importante habían sido todos estos años y cuán afortunada había sido como niña al haber tenido siempre  a mi derredor  un adulto que se preocupara por acompañarme en este maravilloso proceso de descubrir el mundo de las letras, porque todo lo aprendido se tornó en la base fundamental del siguiente nivel que fue más amplio y exigente al llegar a la  secundaria y llevar ya una materia específica de lengua y literatura españolas y literatura universal, donde también descubrimos que nuestro idioma estaba hecho de palabras que tenían su origen y raíz en otras lenguas más antiguas que conformaban el grupo de las lenguas romances o neo-latinas! Y le agrego a eso: también fue fascinante empezar a dar los primeros pasos en el aprendizaje de un segundo idioma, el inglés!

Cuán interesante el poder leer y escribir en otro idioma y descubrir así años más tarde a muchos autores de quienes leímos parte de sus obras en español, y ahora poder leerlos  en el idioma en el que originalmente fueron escritos.

Y vamos, eran los años 50 y 60, no había muchos libros de texto, por lo menos aquí; y lo que aprendíamos lo estudiábamos en el aula y nos dictaban o nos daban apuntes para leer, de tal manera, que en realidad sólo leíamos lo que los maestros escogían porque consideraban era lo más importante de tal o cual obra de tal o cual autor. Es decir era un conocimiento al que yo llamo conocimiento de segunda mano y no por experiencia propia y directa. Y sin embargo, todo cambió de ahí en adelante. Eso lo viví yo, mi generación, ¿pueden imaginar cómo fueron tiempos anteriores, digamos de nuestras abuelas y madres en torno a las letras? Obviamente, entre más volvemos los ojos al pasado, nos damos cuenta que no fue nada fácil para ellas, como todavía hoy en día no lo es para muchas mujeres en países donde inclusive se prohíbe la entrada de las mujeres a estudios superiores, tal como lo fue en México. (Recuerdo haber leído en algún lugar que la primera mujer que pudo ingresar a estudiar medicina, en la universidad en México tuvo que recurrir a don Porfirio Díaz, cuando este era presidente del país, no sólo escribirle, sino entrevistarse con él, para convencerle de que su interés en la medicina era serio, y así don Porfirio tuvo que apelar a la comisión de educación del senado para que ésta a su vez, persuadiera a los directivos de la escuela de medicina para que la recibieran. Estudió y se graduó no sin muchas penurias y burlas constantes de sus compañeros varones, pero saben que, LO LOGRO!).

Pero sigamos con las letras.

La literatura estuvo vedada a las mujeres como una cosa natural en las sociedades antiguas. Se consideraba peligrosa a la que se atreviera a incursionar en esos terrenos. Sin embargo, aunque fuera así, hubo las que se atrevieron a brincarse las trancas, y no sin muchas complicaciones, lograron también su propósito. Y así, por ejemplo, el gran historiador de la antigüedad, Homero, no duda en hablar de Safo, como la primera gran poeta de la antigüedad, diciendo que de “su pluma  había brotado la poesía lírica griega-arcaica más sobresaliente de su época.  Y un reconocimiento de este personaje, no era cualquier cosa. Homero la llamó “la décima musa”, término que luego encontraremos en México en referencia a Sor Juana Inés de la Cruz. Se conoce muy poco de su producción y casi siempre es de segunda  mano, no de fuentes primarias. Poesías amorosas, básicamente.

Llegamos a la Edad  Media y encontramos mujeres que escriben cartas, poemas, relatos cortos. Y es en esta época en que los estudiosos de la literatura ubican a la primera mujer que vivió de la literatura, Cristina de Pisán (1364-1430) italiana originaria de Venecia. Lo que quiero destacar de aquí es que en esta época, con todo y todo, hubo una élite privilegiada de mujeres que tuvo acceso a educación y al estudio de la literatura e idiomas extranjeros.

De esta época permítame por cuestiones de tiempo, sólo mencionar brevemente a Santa Teresa de Jesús, o Teresa de Ávila, monja mística, fundadora de las Carmelitas descalzas, una especie de sub-orden de otra mayor.

Su, obra toda de carácter místico toda, es considerada la más importante de las producciones de la literatura religiosa católica y es de tal la importancia de su contribución al pensamiento católico que llegó a nombrársele doctora en teología católica.

Junto a ella, pero en la Nueva España, se yergue Sor Juana Inés de la Cruz, la primera y más grande poeta de la época de la colonia, en torno a cuya obra hay mucha controversia y ya que sobre todo en las últimas décadas, se ha considerado que su poesía estaba inspirada en otra mujer, lo que muchos piensan es suficiente para ubicarla como una poeta lesbiana. Y digo, importa esto, o la belleza de su poesía?

Luego, los estudiosos de la historia de las mujeres en la literatura ubican en la época del romanticismo a escritoras de la talla de Jean Austen y Mary Shelley. La primera con su novela Orgullo y prejuicio, que inclusive hace no muchas décadas se usó como base de una película del mismo nombre, y la segunda, famosísima por su Frankenstein, o el nuevo Prometeo, la cual también tiene una película con varios reconocimientos.

Y en Estados Unidos podemos nombrar y estoy segura que muchas de ustedes habrán leído y hasta llorado de Harriet Beecher Stone La Cabaña del tío Tom, que aunque suena como una obra muy ingenua, es sin embargo, una pieza que critica ferozmente y condena a la sociedad esclavista que son Los Estados Unidos en esa época.

Pareciera que conforme se desarrolla el ser humano, también van cambiando las situaciones y un poco la forma en que es considerada la mujer en la sociedad y el acceso que ella tiene a la vida social pública y a las letras.

Si nos ubicamos en el Siglo XIX, tenemos que asomarnos a la vida de George Sand (en este momento no recuerdo su verdadero nombre, pues este es su seudónimo*), cuya obra al lado de sus relaciones con importantes personajes de su época, la ubican entre las más importantes de estudiar. Se decía que era homosexual, por lo cual fue muy criticada al principio, pero pudo probar lo contrario al haber tenido cuatro maridos entre los que sobresale, Louis-Charles-Alfred de Musset. De su obra Blanca y Negra, y se dice que fue quien escribió la mejor y más completa biografía de Chopin, de quien se dice siempre estuvo enamorada y le acompañó y alentó en las horas más oscuras de la dolorosa vida del gran compositor.

En Estados Unidos tenemos a la gran Emily Dickinson, considerada entre los grandes poetas norteamericanos, de quien desafortunadamente, a pesar de su prolija producción, sólo se publicaron unos cuantos poemas mientras ella vivía., no le interesaba publicarlos. SU hermana menor y otros poetas descubrieron que tenía más de 1800 poemas y de estos se publicó una vez su obra completa. Sin embargo, hay que decir que en la mayoría de las primeras ediciones, los originales siempre fueron modificados para adaptarlos a las convenciones de la época.

Una mujer que es de llamar la atención en este tiempo, es sin duda la española Gertrudis Gómez de Avellaneda, que habiendo nacido en cuba, vivió toda su vida en España. Cultivó sobre todo el género epistolar, y al igual que muchas otras, su obra no fue reconocida sino hasta después de su muerte.

Un dato importante a mencionar sobre Gertrudis es que en 1853 fue propuesta  para ingresar a la Real Academia de la Lengua Española, lo que fue denegado, porque dicha institución no aceptaba a mujeres como miembros de la misma, pues no las consideraban a la altura y con la calidad  de la producción de los hombres.

Y de ahí, al Siglo XX, empieza a haber una gran diferencia en cuanto al reconocimiento del trabajo literario de las mujeres no sólo en Europa y América  angloparlante, sino en todo el mundo.

Por sobre todas las inglesas está Virginia Woolf, ya con una literatura más contestataria, defendiendo el derecho de las mujeres para expresarse y hacerse presentes en la sociedad a través de las letras y de su independencia y para muestra ahí tenemos su famosísimo UNA HABITACION PROPIA. O a Simone de Beauvoir y su EL SEGUNDO SEXO, en Francia; texto éste, lectura obligatoria para todas las mujeres, que en los años sesenta sentó la bases para el desarrollo a todo vapor de la literatura, pensamiento y el movimiento feminista alrededor del mundo. Otras de sus obras son La Invitada, Memorias de una joven formal, y, un libro fascinantemente contestatario como lo es LA VEJEZ, en el que Simone cuestiona la forma en que la sociedades occidentales contemporáneas tratan o más bien mal-tratan a sus ancianos, lo que la obliga a afirmar, que tales sociedades, las que fracasan en dar un trato digno y humano a sus ancianos, y sólo se sirven de ellos, durante su vida productiva, la que además la misma definen en años, y luego los hace a un lado y prácticamente los desecha, debe considerarse como UNA SOCIEDAD FRACASADA. Y pregunto, ¿dónde andamos nosotros frente a esta situación?

También de las europeas hay que destacar a la belga-francesa Marguerite  Yourcenar, como una gran novelista, que tiene la capacidad enorme de traernos a nivel comprensivo  a grandes personajes de la historia desde lo que ella considera la propia perspectiva del personaje, como lo logró en su famosas MEMORIAS DE ADRIANO, donde podemos echar un vistazo más de cerca a la vida de este gran emperador romano.

Otra que se ha destacado es sin lugar a dudas Anais Nin, que hasta hace poco me enteré que sus padres eran de origen cubano, quizás de ahí el interés por la isla y su correspondencia con Ernest Hemingway. De ella se habla más de sus diarios, y se resalta su contenido sensual y hasta erótico, como ejemplo de  la libertad en la escritura de las mujeres, y para demostrar que las mismas habían llegado a temas inimaginables al escribir. En algunos casos se consideró como autobiográficos sus famosos DIARIOS.

La nota trágica quizás sea Alfonsina Storni, italo-suiza, nacida en Argentina, cuya poesía amorosa destila melancolía. Al igual que su compañero el también poeta, Horacio Quiroga, se suicidó tirándose al mar. Aunque es la creencia popular que se suicidó caminando lentamente mar-adentro, sin regresar hasta hundirse completamente, que inclusive dio pie para componer la canción, Alfonsina y el Mar, popularizada por la aguda voz de la Peruana, hoy nacionalizada mexicana, Tania Libertad.

Aquí habrá que hacer notar que a partir de 1909 se empiezan a dar reconocimientos a las mujeres en la literatura a nivel mundial, el más importante de ellos, sin duda, el Premio Nobel de la Paz, el cual fue otorgado por primera vez a una mujer en 1909, siendo la receptora del mismo Selma Lagerlöf,

Son 14 las mujeres que han recibido este premio, sin duda el más importante en este y otras disciplinas.

Destaco al menos a Nadine Gordimer, de origen sudafricano, por su lucha contra el racismo en aquel país.

Wislawa szymborska, poeta polaca, quien lo recibió en 1996.

Doris Lessing, de origen inglés, pero con toda una vida en la racista Rodesia, después Simbabwe, Premio Nobel de Literatura 2007.

Y Svetlana Alexievich, bielorrusa, en 2015. Cuya obra total la dedica a relatar las atrocidades de Chernóbil, más como crónica, motivo que produjo mucha crítica y cuestionamiento sobre la politización cada vez más clara del Premio Nobel de Literatura. Inclusive más que lo que se ha cuestionado el otorgamiento del premio el año pasado a Bob Dylan.

Dejo para el último a nuestra Gabriela Mistral, poeta chilena para resaltar que es la única mujer latinoamericana que ha recibido dicho galardón. El mismo le fue otorgado en 1945. Obra que en su totalidad puede calificarse de poesía romántica, que  exhibe un extraordinario manejo de las metáforas.

Quiero mencionar brevemente, por cuestión de tiempo a las escritoras mexicanas y otras latinoamericanas que no podemos ignorar, por su contribución al desarrollo, no sólo de la literatura sino de la mujer en general: Elena Garro, Elena Poniatowska, la chiapaneca Rosario Castellanos por su trabajo en la UNAM y el Instituto de Bellas Artes y en particular la dirección de publicaciones del mismo, Silvia Molina, Soledad Loaeza, Laura Esquivel, Ángeles Mastretta,

Silvia Tomasa Rivera, Elsa Cross, poeta que puede considerarse una de las poetas místicas modernas, con mucha influencia de la cultura y religión Hindúes (de Matamoros), entre muchas otras. Quizás habría que recorrer estado por estado para descubrir a más mujeres escondidas pero que trabajan no sólo como escritoras sino como promotoras de otras mujeres en la literatura, como el caso de Natalia Toledo en Oaxaca, que ha buscado dese siempre que la producción de su obra se haga bilingüemente ( Español-Zapoteco o viceversa).

Oaxaca se ha distinguido desde hace varios años por tener ONG’s preocupados por este trabajo de las mujeres. Y así llevan varios encuentros de mujeres latinoamericanas en la poesía, que convoca a varias decenas de mujeres escritoras durante diez días para celebrar la vida, compartir trabajos y conocimientos y formas de apoyarse para las publicaciones. Celebramos este tipo de esfuerzos y los mismos siempre serán bienvenidos.

En Tamaulipas de manera especial reconocemos a poetas de la talla de Altaír Tejeda de Tamez, quien falleció hace un par de años, y nuestra entrañable Graciela González-Blackaller, también ya desaparecida, hermana de otro grande de la historia de México como lo fue el maestro Ciro González Blackaller.  Ya nombré a Elsa Cross, aunque su mayor tiempo esté en ciudad de México. No podemos dejar fuera a Carmen Alardín ni a Isaura Calderón, así como tampoco a Gloria Gómez en Tampico.

Hay además un extraordinario grupo de mujeres jóvenes, escritoras que junto con hombres contemporáneos han tenido el acierto de celebrar varios encuentros también en nuestro estado, para intercambiar experiencias que les fortalezcan en su trabajo escritural.

Por último permítaseme mencionar que aquí en Mante, desde los años 70 primero como Grupo literario Bellas Artes, Bellas letras, funciona un grupo de escritores y escritoras, casi todos poetas, que no ha dejado de escribir en todas estas décadas. (Narcisa, aquí presente). Y de entre grupo resalto de manera especial el trabajo poético de la señora Águeda Andrade de Rodríguez, cuya obra incluye sobre todo poesía de carácter religioso, asomándose muy de cerca a la poesía mística.

 

Bueno, aquí voy a parar, y para redondear, déjenme decir que estas son meras pinceladas de un trabajo que daría hasta para toda una cátedra de un año o más, a nivel superior. Agradeceré su comprensión, si he dejado de lado algún nombre o escritora, simplemente es involuntariamente.

Piense en sus abuelos, sus papás, sus tíos o hermanos que le iniciaron en la lecto-escritura y agradezca íntimamente por esa iniciación. Úsela y disfrute de ver el mundo con otros ojos y quizás hasta pueda empezar a escribir su propia historia. Nos vemos en la próxima,

GRACIAS.

Loida E. Fernández G.

Texto leído en la Cámara de Comercio de Ciudad El Mante, Tamaulipas el día 24 de marzo de 2017, en el evento  “AL ENCUENTRO DE LA MUJER Y EL ARTE” organizado por el PATRONATO CULTURAL TAMANTE con motivo del mes de la mujer y la participación de: Lic. Jovanna Viggiano (Música), Lic. Wendi A. Velazquez (Danza) y Lic. Loida E. Fernández Gonzáles (Literatura).

*George Sand (Seudónimo): Amandine (o Amantine) Aurore Lucile Dupin

 

 

 

 


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