De Quintero A Villa Juárez

 

 

Cambio de poderes

En busca de mejor

Porvenir hace 98 años

 

POR: ING. MAURICIO OSORIO MORALES

Es a principio de 1800 cuando la región, como toda la Nación, se conmociona por la lucha de independencia; sin embargo tal vez por la escasa población, la lejanía y las pocas comunicaciones con el centro del país donde se desarrolla la lucha, la participación de la región no es de significación. Termina la guerra, se proclama la República; se cambian nombres, el Nuevo Santander es Tamaulipas.

En 1860 restándole territorio a Horcasitas, se crea nuevo municipio, el antiguo Palcuay se convierte en cabecera municipal con el nombre de Quintero, la ranchería de Canoas queda dentro del nuevo Municipio, pero al poco tiempo durante la intervención francesa es cuando la región participa vigorosamente en la lucha, no en forma desde gran despliegue de fuerzas ni en grandes batallas, pero si en la táctica de guerrillas que aquí adquirió gran fama. Los hombres de la región, buenos jinetes, montando briosos caballos y convertido en guerrilleros o correos llevando y trayendo información, vigilando constantemente los movimientos de los franceses; en el día o en la noche, en el frío o bajo la lluvia, recorrían veloces las veredas y caminos de la antigua provincia de Tanchipa.

Fue así que los vecinos de Quintero, Canoas y otras rancherías interceptan a una fuerza de franceses en el cañón del Abra y los derrotan, pero las hazañas del guerrillero de la Villa de Méndez que tiene su estatua en el paseo de la Reforma, las del héroe Pedro José Méndez son dignas de admiración, pues engaña, persigue e inmoviliza al enemigo hasta que en su última batalla, en la que pierde la vida logra, en el puerto fluvial de Tantoyuquita, destruir a las fuerzas francesas.

Ya restaurada la República, el resto del siglo transcurre tranquilo. Con las nuevas obras portuarias de Tampico para recibir a los grandes barcos de la época y la llegada de los ferrocarriles al puerto, primero el de San Luis Potosí en 1890 y después el de Monterrey en 1901, la zona económica de Tampoco quedó mejor comunicada lo que propició el desarrollo y de él algo les tocó a las buenas tierras del Río Mante.

La buena situación no duró mucho tiempo; vino la revolución; para entonces nuestra región ya era próspera y tenía más población, aporta su contribución a la causa con hombres y recursos.

La región, como muchas otras, sufre la escases y la penuria. En 1918 la Villa de Quintero se ve constantemente amenazada por los tristemente célebres “guerreros”, esta gente era de lo más menesterosa y olvidada de la fortuna. Acosados por el hambre se lanzaban sobre los poblados en busca de comida y de algo con que cubrir su desnudez; se dice que era tanta su hambre que se comían las cosas crudas, andaban andrajosos y algunos desnudos.

Obligadas por esta situación las autoridades municipales de Quintero buscan refugio en la Congregación de Canoas. Florencio Muñiz Figueroa fue el Presidente Municipal que le tocó trasladarse y establecerse en Canoas. En esa época además de los garreros y la escasez se agrega otra calamidad, la influenza española conocida aquí como la agripa que en 1918 hizo estragos en la región.

En ese mismo año los garreros hicieron una incursión a Canoas matando algunos de los defensores, saqueando los escasos comercios, pero se dice que esa incursión lo más importante para ellos era conseguir garras, cualquier ropa usada, desnudando y despojando a la poca gente que encontraban sin importar edad o sexo.

A fines de 1920 con nuevo gobierno federal y el país en calma los habitantes de la región se dieron a la tarea de rehacer sus vidas, a empezar de nuevo; los habitantes de Quintero y de Canoas solicitaron al gobierno del Estado que Canoas fuera cabecera de municipio. Así por decreto del Congreso del Estado la Congregación Canoas, el 19 de Abril de 1921 se erigió en Villa y cabecera municipal, poniéndosele por nombre el del Benemérito de las Américas, así nació Villa Juárez y nació  con buena estrella. El antiguo Canoas quedó atrás, aquel sitio al que los primeros pobladores de Horcasitas se referían como el frondoso paraje de Canoas.

Río Mante, río de corto recorrido, pero caudaloso para su longitud, nace en la sierra de cucharas y vierte sus aguas en el río Guayalejo, antes de hacerlo se dividía en varios brazos que llamaban esteros dando lugar a la formación de islotes y ciénagas; la superficie seca variaba con la época del año, era lo que llamaban tierras de humedad y que permitían cultivos todo el año. Estas tierras producían gran parte de los alimentos para los pobladores de Horcasitas y Canoas.

En el viejo Canoas las casas en su inmensa mayoría eran jacales situadas en forma desordenada, no había calles, sólo caminos y veredas. Desde lo más alto de la loma se dominaba el panorama, se veía a gran distancia cuando venía gente por los polvorientos caminos de Quintero, de Xicoténcatl de Magiscatzin y por el camino huasteco. A falta de calles había caminos que conducían al río, a ese río que es sustento y es fuente de vida, a ese nuestro pequeño y fabuloso río.

Lo que hoy conocemos no es el río de Canoas, aquel para su tamaño era caudaloso, sus tierras ribereñas estaban cubiertas de una vegetación exuberante había sabinos, sauces, jopoyes, higuerones, orejones, chacas, chalahuites, jobos y otras especies hoy desaparecidas. Esta vegetación sustentaba y albergaba a muchas aves; garzas, loros, cotorras, calandrinas, cenzontles, papanes, chachalacas, cuervos, tordos y otros. Como animales terrestres había tigres, jabalíes, gatos, venados, tejones, mapaches, coyotes y no se cuentos más; en sus aguas además de tortugas y sardinas había bagres, anguilas, mojarras y robalos, había catanes y lagartos.

Desde tiempo inmemorial en las tierras de humedad había agricultura, con la llegada de los españoles se agregó la ganadería y el cultivo de la caña de azúcar. Podemos decir, ayer como ahora la industria de la región era la fabricación de dulce no en forma de azúcar, pero sí de piloncillo. En las tierras de temporal se cosechaba ajonjolí; con piloncillo y ajonjolí las mujeres de Canoas confeccionaban pepitorias que vendían en los pueblos vecinos. Tan famosa se hizo Canoas con esos dulces que le valió el mote de la pipitoria.

Época Moderna.- En nuestro pueblo, ya como Villa Juárez, comienzan las grandes transformaciones. En 1925 o 26 el Lic. Emilio Portes Gil, acompaña al Presidente Plutarco Elías Calles a visitar esta región. Se dice que el Presidente Calles, acostumbrado al desierto de su nativo Sonora quedó admirado de la región del Mante. En aquel tiempo la Comisión Nacional de Irrigación (después Secretaría de Recursos Hidráulico) iniciaba sus actividades, el Presidente Calles ordenó se aprovecharan las aguas del Río Mante; fue así como se construyó el Distrito de Riego número dos, así se ponían 10,000 hectáreas bajo riego para producir caña de azúcar, lo que obligaba a construir el Ingenio. Para sacar y transportar la producción de azúcar se construyó el ramnal de FC de Estación Calles a Estación Guerrero (Tamuín) pasando por Mante.

En el aspecto urbano fue gran acontecimiento el trazo de Calles y Titulación de Solares. Esta tarea le tocó al Presidente Municipal en turno Don Víctor Saavedra.

En 1936 el Presidente Cárdenas inaugura la carretera México- Nuevo Laredo pernoctando en el Mante en su paso para el norte.

Al año siguiente a solo 16 años de que Canoas dejó de ser Congregación, Villa Juárez se eleva al rango de Ciudad con el nombre de Ciudad Mante.

Esto es en síntesis parte de la historia de nuestra ciudad, ahora podemos decir ufanos; por lo menos tenemos 500 años de historia, que no son pocos. Lo que hoy conocemos como Ciudad Mante es a lo que ha llegado aquel lugar al que uno de los primeros pobladores de Horcasitas viendo su exuberancia lo llamó el frondoso paraje


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