DE TRENES

CARLOS ACOSTA

Durante muchos años tuve la intención de escribir un poema que hablara de trenes

La escuela donde estudié el quinto año de primaria

–exclusiva para hijos de ferrocarrileros–

estaba a un costado de la Estación

Quizás por eso cuando en lo lejos de la noche escucho el silbato de un tren

todavía hoy

me viene cierto dejo de melancolía

 

Se dice que infancia es destino

De modo que no debe resultar extraño

que ya hombre mayor

en especial en las horas del insomnio

me asalten unas ganas locas de escribir sobre trenes

 

La salida de la escuela era a la una de la tarde

La ansiedad

la producía la ilusión de la llegada del tren a la una y quince

De ahí nació la costumbre de ir a esperarlo todos los días

incluyendo los fines de semana que no teníamos clases

 

Durante muchos años tuve la intención

Y no

Las letras no escurrían por el bolígrafo

 

Hasta hoy

que vi en el periódico y luego en un documental

imágenes de trenes que cruzan mi país de sur a norte

con centenares

–es real: centenares–

de personas que viajan de mosca sobre los techos de los vagones

amontonados unos sobre otros formando pilas humanas

o colgados de las escaleras laterales

 

Vienen del sur del país y de países del sur

Van en busca de esa pesadilla a la que se ha dado en llamar el sueño americano

No soy quién para decir si son malvivientes o perversos

Hasta donde alcanzo a ver es gente como tú y como yo

 

A ese tren le dicen La Bestia

Su alias nos habla de una vocación devastadora

Viajan ahí

–si es que a ese trasiego humano se le puede llamar viaje–

niños de siete años de edad

jóvenes entre catorce y veintiuno

hombres maduros y podridos

mujeres solas

en pareja

alegres

asustadas

una que amamanta a un niño de brazos

 

En el trayecto vivirán de todo:

Llegar a Estaciones que en su vida imaginaron

La espera de otros trenes para transbordar

Y otra vez el techo y otra vez amontonados

Siguen su viaje

–si es que a este hacinamiento se le puede llamar viaje–

Hallarán zonas de albergue y a veces comida

Pero también serán víctimas de robos

extorsiones

y sin importar edad ni género

no pocos sufrirán de violencia sexual

 

De alguna manera renacen

–si es que para decir que siguen vivos después de todo se puede usar la palabra renacer–

Y siguen en pos de un sueño

que a estas alturas del partido ya es brutal pesadilla

¿Cuántos llegarán?

¿Cuántos quedarán en el camino?

No se hacen tales preguntas sólo para cifras estadísticas

sino porque cada uno de los que viajan

–si es que a este infierno se le puede llamar viaje–

es alguien como tú y como yo

 

Durante muchos años tuve la intención de escribir un poema que hablara de trenes

Mi escuela primaria estaba a un lado de la Estación

Adquirí la manía de ir a verlos llegar

Era permanecer de pie en los andenes

y en silencio ver llegar el tren

Era todo

Era feliz

 

Sin saberlo

en aquellos días empecé a escribir el poema

Aquellas visiones eran las primeras letras

 

Y después

La Bestia

Lo que jamás

–ni en el más terrible de los delirios–

nadie que amara los trenes

nunca

pudo imaginar


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