DON JESÚS GONZÁLEZ MONTEMAYOR EJEMPLO DE HONRADEZ Y DE TRABAJO

 

Por Gastón Espinosa Glz./El Matutino

El Pavo Real, pierde toda su dignidad… cuando corre tras un mendrugo…

 

No nació en El Mante pero amó a esta ciudad hasta el último minuto de su vida.

Hizo que sus hi­jos disfrutaran como él del paisaje serrano, del atardecer pasivo, del co­rrer de las aguas por los costados de la ciudad.

Fue comerciante (cafe­tería Mante), instaló un establo, planeó y creó junto a su hermano Pa­blo la colonia Moderna a la que de sus propia bolsa arregló las calles, y mejoró el servicio de agua, drenaje y alumbra­do, por si fuera poco fue agricultor y ganadero.

Este 18 de abril se cumplen 23 años de la desaparición física de Don Jesús González Montemayor.

El entonces cronista de la ciudad Othón Guerra Hinojosa escribió al res­pecto:

“Jesús González Montemayor no nació en el Mante, es originario de Higueras, Nuevo León, pero ha estado con nosotros más de la mitad de su vida y nos ha dado lo mejor de ella; lo más fuerte; lo más capaz, lo más fructuoso. Tiene esta­blecida una Cafetería y Restaurant, que lo atiende personalmente; ha instalado un establo, que es su orgullo, planeó y constituyó en unión de su finado hermano Pablo, la colonia Moderna de esta ciudad, y como si esto fuera poco, es agricul­tor y ganadero; en suma, ha convivido y entretejido la actividad comercial con un alto contenido de servicio social.

* SUS PADRES: Timoteo González González y la señora María Monte­mayor de González, vinieron del pueblo de Higueras, Estado de Nuevo León, a establecerse en El Mante, a finales de la década de los 30’s; estableciendo el pri­mero un establo, en lo que es hoy el cementerio particular “Jardín de la Piedad”. Este ejemplar matrimonio, tuvo amplia descendencia y casi todos se arraigaron en El Mante.

* Nuestro biografiado contrajo matrimonio con la virtuosa, hoy señora Blanquita León de González, del cual tienen numerosa descendencia.

* LA FAMILIA GONZÁLEZ tiene un fuerte raigambre en El Mante, tiene una estirpe de categoría, no motivada por abolengo, linaje, elitismo o simple­mente de postura de “milloneta”.

Don Jesús González Montemayor no, la estirpe que han conquistado es la positiva.

La que han adquirido por su trabajo cons­tructivo, por su honestidad a toda prueba y gozan con razón de respetabilidad y afecto entre sus nume­rosas amistades y personas que han tenido oportuni­dad de tratarlos. Bello ejemplo a seguir.

* EN UN MUNDO CONVULSIONADO, don­de parece que no se predica con el ejemplo sino con el egoísmo de acumular riqueza, observo un acto que si bien es cierto no es de proporciones mayores, sí, evidencia la alta calidad humana de mi biografiado; y ese hecho consiste en lo siguiente: Ya para entregar a las autoridades municipales la colonia Moderna, de su propio peculio, arregló las arterias o calles con re­voltura asfáltica, remozó el servicio público de agua y drenaje, del alumbrado y de los parques y jardines. Buen ejemplo a seguir”.

Era claro el aporte de don Jesús a nuestra ciudad en donde además se le destacaba como un gran integrante del club Rotario Mante la cual llegó a presidir.

Los tiempos de un Mante que pintaba pro­gresista con su gente bonachona y deseosa de ser parte de lo que muchos consideraban la tierra pro­metida.

Le apasionaba escribir, por ello compuso cuentos y poemas a sus hijos, además de ser un fanático de los refranes del Filósofo de Guemes.

El poema “A mi hijo Timmy” de la autoría de don Je­sús marcaba un pasaje nostálgico en la vida de quien también fuera por muchos años un Rotario ejemplar.

Junto a su esposa Blanca León González in­culcaron a sus hijos el amor por el cam­po, la honestidad y el trabajo diario para conseguir los objetivos de vida.

Sus ami­gos le reconocían la virtud del afecto, la sencillez, la cla­ridad para decir las cosas y su inter­minable vocación de servicio legada a cada uno de sus hijos y en espe­cial a su hijo Pablo González León, hoy presidente mu­nicipal de El Mante, sobre quien pesa la confianza ciuda­dana en las urnas y la satisfacción de estar haciendo bien las cosas. Amigos entraña­bles de aquella época como el Doctor Jesús Lavín Toledano le re­cordaban tras su muerte como un hombre valiente, positivo, comunicador, entusiasta, alegre, buen es­poso mejor padre y sobre todo amigo. Al respecto Lavín Toledano escribió en su momento lo siguiente:

25 AÑOS DE ROTARISMO

Jesús González Montemayor: Rotario Ejemplar

“La vida no es nada sin amistad”; es muy probable que nuestro amigo inolvidable Chuy Gon­zález Montemayor haya aplicado este sabio pen­samiento de Cicerón en los actos de su vida. ¿Por qué?: quienes tuvimos la suerte de conocerle y tratarle siempre reconocimos en Chuy la virtud del afecto que emanaba con la mayor sencillez a través de sus expresiones que nos hacían sentir las más claras muestras de la amistad.

Intuitivo, hubo reconocido la necesidad im­periosa de extender su acendrado espíritu amistoso a través de una organización que se lo permitiera; la oportunidad no se hizo esperar, y aquel 7 de Ju­lio de 1965 rindió su protesta como socio del club rotario de Ciudad Mante. Desde luego, Chuy sabía que Rotary se basa en la premisa de que existe un amplio campo de comprensión entre los hombres de diferentes credos y niveles, y de que la acción ha­cia un objetivo común, convierte las diferencias en poderoso servicio; Rotary constituía terreno propicio que haría germinar la semilla del binomio amistad y servicio en aquel nuevo socio que tomó para sí, y nos lo expresaba, como una de las más apasionan­ tes aventuras de su vida.

Justo es aclarar que no todos en la vida, ante la oportunidad, y sin caer en exageraciones, logran interpretar el mensaje de modo tal que sea posible el goce de la aventura rotaria como Chuy la hubo disfrutado. Dueño de singular carisma, irradia­ba con valiosa sencillez, propia de los grandes, sus deseos de servir… ¿quién no recuerda su participa­ción importante en los programas de corrección del labio leporino propiciando una “sonrisa alegre”?, ¿o en sus actividades pro escuela de lento aprendizaje en personas con discapacidad mental, niños regular­mente? El recordar sus múltiples incursiones sirvien­do a la comunidad nos llevaría gran espacio.

Siempre inquieto, con positivo dinamismo, pronto fue pieza importante, desempeñando acciones en los comités de las cuatro grandes avenidas de servicio con entusiasmo y efectividad. Su labor no tardó en ser debidamente valorada por sus compañeros rota­rios, y tres años después de su ingreso al club, el uno de julio de 1968 rindió protesta como presidente del club, protesta que le fue tomada por otro gran hom­bre rotario: Epitacio Guevara Lozano… y continuó en la brega, me imagino que pensando: alistaos para la acción; extendeos para mayor ímpetu; explorad para mayor conocimiento, y Chuy vio compensados sus esfuerzos, irrumpiendo en la avenida de relaciones internacionales, a través de la fundación rotaria y el programa de intercambio de estudiantes; así se di­ría: “me parece que Rotary ha unido mi ciudad con otras ciudades y pueblos del mundo”.

Su trayectoria en el club jamás marcó descenso; por lo contrario, siempre fue ascendente: asistente eterno a las asambleas y conferencias distritales, le hacían adquirir conocimientos y elevar su espíritu de servicio.

El año de 1978 representó para él una responsabi­lidad más dentro de la apasionada aventura, siendo nombrado por segunda ocasión presidente del club. No obstante que para entonces ya habían trans­currido 13 años de vida rotaria, tomó la batuta del club con ímpetus similares a los del primer día, con la preocupación aquel entonces del crecimiento ob­ ob­servado en la comunidad mantense que propiciaba multiplicación de necesidades, llevándole a promo­ver en unión de sus compañeros del club, programas tendientes a coadyuvar en algo solución a los proble­mas, mejorando las condiciones más apremiantes; asuntos de interés público representaban para Chuy incentivo cuya labor sobresaliente siempre fue cons­tatada.

Apegado al objetivo de Rotary no por obli­gado cumplimiento, sino por habitual conducta que encuadraban a la perfección, supo hacer en cada día un nuevo amigo, y de cada amigo, una ocasión más de servir. Importante característica en la perso­nalidad del gran amigo lo constituyó siempre el ser positivo, en virtud de lo cual quienes le rodeaban sentíanse satisfechos en su empresa, llevándoles a desarrollarla dentro de un ambiente cargado de afec­to, siendo éste, sello distintivo de quien vive Rotary.

Como todo lo que en la vida se inicia, también es dueño de un final, y la aventura de Chuy en el rota­rismo tuvo su epílogo por motivos de salud, viéndose obligado a presentar su renuncia ante el Dr. David Rodríguez presidente del club el 16 de octubre de 1990.

Muy numerosos son los recuerdos siempre agradables que de Chuy conservo, conviviendo y compartiendo con él la vida rotaria por un poco más de 15 años; pero existen dos que Edna y yo guarda­mos con especial cuidado: una copia de su poema “a mi hijo Timmy” que con fina sensibilidad dedicara a su hijo en mayo de 1983 como imperecedero recuer­do; asimismo un presente que en unión de Blanquita su eterna compañera tuviera la gentileza de traernos a esta casa cuando convalecía de un problema de salud; ambas circunstancias con el tiempo acrecien­tan

su significado y valor, vivificando agradable ex­periencia humana.

Tuvimos la suerte de charlar con Chuy, po­cos días antes de su viaje final encontrándonos no obstante su diezmada salud con el hombre de siem­pre: valiente, positivo, comunicador, mostrándome entusiasta fotografías de lo que vivió con gran ale­gría cuando en Ciudad Mante logró reunir a la enor­me familia González en auténtico cónclave que le produjo gran satisfacción… y desde luego, tocamos puntos relacionados con el rotarismo y la familia a quien tanto amó, expresándome el sentirse orgulloso cuando tres de sus guapas hijitas hubie­ron participado como reinas del club, Patricia, Coti y Silvia, y una de ellas, Silvia Verónica, fue reina de la conferencia de distrito en San Luis Potosí.

En síntesis: fue amantísimo esposo, padre ejemplar, excepcional amigo, y singular rotario.

Jorge Luis Borges afirma: “Dos son las obras que dejan en pos de sí los hombres: una, la obra en sí misma, y otra la imagen que del hombre se forman los demás”; en el caso de Chuy siempre hubo una sola imagen: ¡La de la Bonhomía!

Dr. Jesús Lavín Toledano

Para Eugenio Zermeño Guajardo, su amigo Jesús González Montemayor fue un hombre de mi­rada transparente que por igual no ocultaba su enojo pero por igual era amistoso, leal, honesto y religioso. No en balde le dedicó unas palabras tras conocer el deceso de uno de sus mejores amigos.

PENSAMIENTOS DE UN AMIGO MUY ESPECIAL PARA ÉL

Yo no quiero juzgar a un amigo, que como JESÚS GONZÁLEZ MONTEMAYOR, no pueda des­mentir mis palabras. Sin embargo en nuestro trato diario, era necesario recurrir a él, para con sus consejos alimentar nuestras inquietudes y propósitos.

Fue su vida apasionada, de entregas a su esposa, hijos, padres y her­manos; cuantas veces me dijo: Si lo primero, que es nuestra familia, recibe nues­tro amor, es el objetivo de nuestro máximo proyecto, nos podemos dar por satis­fechos.

Esto lo observó religiosamente, por eso su tranquilidad para afrontar tantos problemas que en su vida tuvo, pero también cuántas recompensas le fueron otorgadas, cuántas sonrisas de su alma vi, cuando orgullosamente me platicaba de ellas, de sus seres queridos, no quiero pecar de indiscreto, pero jamás recuerdo de alguna recriminación a su familia, porque en el amor que él sentía por todo, estaba implícito el perdón que en algunas ocasiones, los hijos deben meditar.

Su mirada transparente algunas veces la vi más diáfana, hombre de Hoy uno de sus hijos tiene la enorme responsabilidad de conducir los destinos de El Mante y dicho sea de paso lo ha venido realizando apegado a los valores que le enseñaron sus padres.

Sobran las razones para que este 18 de abril la familia de don Jesús González Montemayor alce la mirada al cielo para agradecer las miles de histo­rias que dejó a los amigos, a su esposa Blanquita, a sus hijos y nietos. A uno de ellos le escribió el siguiente poema.

Por igual escribió algunos cuentos entre los que destaca el siguiente y del cual su familia guarda gratos recuerdos.

CUENTO: En una pequeña ciudad del Estado de Tamaulipas, México, Patricia, la segunda de mis hijas, iba a casarse, así que como se acostumbra en estos lugares, sus amistades comenzaron a hacerle fiestas de despedida de soltera, en las cuales re­cibía regalos diferentes. Uno de esos regalos fue una jaula para pájaros, la llevó a la casa, y la dejó en el jardín bajo un árbol. De repente un día nos encontramos un pa­jarito dentro de la jaula. Ahí mi esposa Blanqui­ta y Licha la cocinera le daban agua y comida; le limpiaban su jaula y así fue creciendo el pajarito. Cuando le daban de co­mer algo se tiraba en el piso, y venían otros pá­jaros de diferentes espe­cies, y se lo comían.

Un día alguien de la casa vio un pája­ro de la misma especie, estaba parado junto a la jaula sin moverse ni asustarse con la presen­cia de personas, así que cuando le llevaron de co­mer dejaron la puerta de la jaula abierta y ense­guida el pájaro que esta­ba afuera se metió, y for­mó pareja con la hembra que estaba adentro.

Pasó el tiempo y pronto vimos un huevo que había puesto la paja­rita. Al poco tiempo nació el hijo, peludo y feo, fue creciendo bajo el cuida­do de sus padres, pero un día que dejaron la puerta mal cerra­da, el pájaro macho abandonó la jaula quedando la mamá y el hijo solos.

El pajari­to siguió crecien­do, un día también viendo la oportu­nidad abandonó a su madre. Mi mujer, viéndola tan triste y que casi no co­mía, le dejó la jau­la abierta, y se fue, dejándonos un re­cuerdo inolvidable.


A %d blogueros les gusta esto:
comprar-ed.com