El cometa

#Noticias desde El ‪#‎Mante

 

Evaeréndira

Es la primera vez, y desde el principio había que hacerse a la idea de que una no existe, eres solo un recuerdo, si acaso, una idea totalmente inmaterial; pero pues yo qué iba a saber. Asunto que no tenía la menor relevancia para mí, es casado –bien, ya que- sin necesidad de verificar una argolla. Es casado porque lo sabes y muestras bastante sincera empatía al preguntar por sus hijos, sí soy un amor. No soy ingenua, el tipo no me interesa en lo absoluto, más que para coger, cada diez años, perfecto. Aún así, con reservas dada mi ética, una muy escrupulosa. Después de semanas escribiéndonos, partimos de la fantasía al ¡hagámoslo! cuando coincidimos en la ciudad.

¿A quién no le gusta el sexo? A mí me encanta. Con casados, no gracias. Pero y ¿si sí? Ay güey, en la que me he metido: un problemón pero solo mental, de los existenciales, alma mía. Desde adolescente que no me escabullía para coger. La aventura fue mero trámite, ve a un a hotel, me escribes en cuál y qué cuarto. Ah, cómo me encanta tener el control. Cada palabra debe llevarse a los términos más tácitos posibles, siempre.

El hotel ‘X’, habitación 128. Ok. ¿Y luego? Primera oportunidad: sin química. La segunda es la definitiva: excelente (redoble de tambores, bombo y platillo). El terror y el vacío vinieron después. Un café mínimo, pues no. Una cena, caminemos para que se nos relaje el pulso, esta adrenalina de tan rica sesión de, pues todo: manos, bocas, genitales, cabalgatas, gemidos, fluidos y, ah sí, besos; tampoco. Así como cada quien llegó por separado, así nos vamos por su lado cada uno. Qué horror, delatando mis principios. Hace cuánto que nadie vacilaba con mi libertad así.

Los últimos mensajes que le envío, como todos los que el pobre matrimoniado debe borrar periódicamente de su teléfono, consisten en una sarta de palabras dolidas, del ego dolido, “Me has quedado como el recuerdo de un sueño, más que de un suceso, y uno muy fugaz aparte”. Claro, dos horas es rápido, un sueño, si empezamos por el “Hola-cómo estas-qué tal tu estadía-qué linda eres- gracias-y qué buena te has puesto-eres un tragaños-súbele al aire acondicionado” para culminar en un acto como debe ser, porque me gustan las cosas bien hechas. Lo único bueno es que este cometa vuelve cada diez años y eso está bien, a ver si lo sigo haciendo igual a mis treinta y cinco. Bien, minutos después me responde con un mensaje “No pasó”. Imagine usted lector cómo me sentí: un fantasma.

Esto es una caricatura y no la vuelvo a repetir. Esa vez salí del hotel, sola, encendí un cigarro y más tarde tomé un café con aquellos con los que sí puedo platicar y caminar y convivir y reír y comer y cenar a gusto pú-bli-ca-men-te. Por desgracia a ninguno de ellos me lo quiero coger.

http://evaerendira.blogspot.mx/


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