Home office…

 

Por Jaime Pérez Uzcanga

El concepto del “home office” –realizar en casa alguna de las actividades del trabajo para reducir los costos e impactos que implica acudir al centro de trabajo- es una propuesta interesante, relativamente viable, que bien debiera empezar a estudiarse a fin de encontrar las fórmulas de su aplicación en el país.

Hoy me topé con una nota periodística en la que se destaca la propuesta que hizo la diputada federal (PVEM), Lyndiana Bugarín, en el sentido de legislar medidas obligatorias para, cuando la naturaleza del trabajo lo permitan, los trabajadores puedan quedarse en casa un día a la semana para, desde ahí, hacer su trabajo.

Creo que la visión expresada por la legisladora es demasiado simplista, pues existe un sinfín de factores que deben preverse, pues aunque la naturaleza del trabajo lo permita, en el hogar de cualquier trabajador no necesariamente existirían las condiciones para llevarlo a cabo.

Durante la pasada campaña electoral, el candidato del PAN, Ricardo Anaya; y el candidato independiente, Jaime Rodríguez “El Bronco”, manejaron ese concepto como parte de sus propuestas. En algunos países, esa práctica es común y las partes –la empresa y los trabajadores- están obteniendo buenos resultados con ella; y sí creo que el tema merezca la atención suficiente para desarrollarlo, tal vez no como una ley que obligue a nadie, sino como una práctica productiva; pero, insisto, el tema merece ser analizado hasta llegar a esquemas de viabilidad.

La decisión para su implementación, creo, debe corresponder a las empresas, previo acuerdos con sus empleados, y no como un ordenamiento de ley.

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