LA NUEVA CASA (PARTE SEIS)

JUAN HERNÁNDEZ

¡La casa está embrujada, y no es el espíritu de Sandra, si no el de Martha el que ronda la casa! -Así es, todos sabían que algo ocurría en la casa, quería que ella sufriera y lo hacía, he leído que cuando alguien muere con una rabia interna, con un gran odio, no puede descansar.  ¿Pero porque no le hacía eso a Gregorio? -¿cómo que no se lo hacía? Gregorio también la veía, y le pedía perdón por todo lo que la hizo sufrir, la sentía, muchas veces él estaba escuchando música en la biblioteca y se cambiaba la emisora y ponía una canción que a Martha le gustaba mucho, él se levantaba y salía de la biblioteca, luego Sandra me contó, que ya no entraba de noche, solo ella. -¿Ernesto te puedo hacer una pregunta? – Adelante, aún tengo tiempo. ¿Si Martha quería martirizar a Sandra, y ya ella murió, porque Martha no descansa en paz? – hay odios más fuertes que el mismo daño. ¿Tú sabes dónde está Gregorio? – No,  luego de la muerte de Sandra, se encerró y nunca nadie lo vio salir, cuando la alcaldía abrió la casa, por falta de pago de impuestos vieron que estaba desocupada, Támara sigue llegando a limpiar para su alquiler y con eso se paguen los impuestos mismos de la casa. ¿Crees que el espíritu de Sandra, también este en esa casa? – No lo sé, espero que no, a ella le aterraba esa casa. – ¿Sabes que nadie vio el cadáver de Sandra? solo el ataúd cerrado, pero a ella nadie la vio.  -¿Ernesto, eras tú de quien Sandra estaba enamorada? – No, Sandra y yo éramos amigos, para ella era importante que alguien le creyera, y ese era yo. -Si eran tan amigos  ¿porque nunca te dijo que estaba enamorada?  – no lo sé, lo leí en el expediente, pero parece que la Doctora le avisó a Gregorio y ella, no volvió a llegar a la clínica, luego supe que había ido al doctor, pero no supe porque, por más que trataba de verla, la vigilancia en casa se puso peor, no la dejaban sola nunca. Ernesto, ¿me ayudas? – ¿Cómo?  Vamos a la casa esta noche, y busquemos el diario de Sandra. – Es muy arriesgado, pero, se lo debo a ella, vamos, te acompaño.

Saliendo del café, me fui a traer unas cosas a la oficina y luego a casa, no dejaba de pensar en dónde estaría Gregorio ¿Por qué no apareció?

Me hice algo rápido de cenar y como quedamos de vernos a la medianoche frente a la casa, me dispuse a dormir un rato, sucedió casi de inmediato. De repente un ruido me despertó, me levanté asustada y fui  hasta la cocina, no había nada, me asomé por la ventana y vi a una mujer, llovía, pero estaba en una tercera planta y no podía verle la cara, traía puesta una capucha extra y veía hacia arriba, se iluminaba su silueta cuando un rayo alumbraba la calle; finalmente, en un intervalo, la mujer desapareció, regresé a la cama pero decidí cambiarme ya, pronto sería la hora que me vería con Ernesto.

Llegué en mi coche antes de las doce, me bajé y saqué un cigarrillo de la cartera, Ernesto no tardaría en llegar, frente a la casa, sola, nuevamente me entro ese temor, creo que es el mismo temor que tenía Sandra en esa casa. Estaba pensando, viendo hacia la casa cuando de repente se me cayeron las llaves del carro, al levantarlas y ver hacia adelante vi, o me pareció ver, a una mujer en un capote negro, como la que había visto temprano, estaba a media calle pero no podía distinguirla, en lo que trataba alguien todo mi hombro asustándome mucho, era Ernesto y cuando gire nuevamente para ver, la mujer ya no estaba. -¿Que ves? -nada Ernesto, olvídalo.  -¿Entramos a la casa?  -Si claro, por atrás, por ahí entré la última vez.  Fuimos hacia la parte de atrás, nos metimos por una ventana pequeña que da a un desván, creo que nunca había entrado por aquí, todas las veces había entrado por la puerta de la cocina que tiene un vidrio roto. -¿Oh si?  Yo aquí esperé el día que te conté, por aquí hay una escalera que te lleva directo a la puertita bodega de la sala, la que revisaste. Encendí mi celular para que me iluminara, como por todos lados hay cosas viejas de los dueños, había retratos de la familia, de Gregorio y Sandra y del pequeño nene.

Subimos despacio y Ernesto empujó la puerta y llegamos a la bodega  y después ya en la sala de la casa, nos fuimos rápidamente a la biblioteca. -Claudia, sé que Sandra pasaba mucho tiempo aquí, estoy seguro que aquí en algún lugar está ese diario.- he buscado por todos lados y no lo he encontrado, síguele por el escritorio quizás no lo revisé todo al encontrar las cartas de él y Martha. Seguí buscando en la libreta y Ernesto rebatía el escritorio, abrió todos los compartimentos y no encontró más que papeles. – mira Claudia encontré esta grabadora, no puede ser,  parece que no tiene batería,  yo ya buscaba en mi bolsa, -espera, tengo una parecida a esa. ¿Quién es? ¿Reconoces la voz Ernesto? – el mismísimo Gregorio. Escuchamos: “Algo pasa en la casa, Martha no me deja en paz… lo cumplió, me dijo que mataría a mi hijo y lo hizo, tengo que matar a Sandra, para que Martha me deje tranquilo” -El que se volvía loco era él, él mató a Sandra, lo sabía, lo sabía. – calma, él no dijo eso, todavía. “Martha déjame en paz, no me atormentes, no puedo hacer lo que me pides, la amo demasiado, cometí un error, no me atormentes más, tienes razón, ella es mala, me engañó, la quiero matar, porque no merecía que ensuciara mi nombre”

La grabación se detuvo, nos quedamos en silencio y Ernesto respiró profundo, -Sandra le tenía miedo, sabía que la última vez que llegó y confesó a la Doctora que estaba enamorada, ella ya estaba embarazada, cuando nos abrazamos lo supe. -Ernesto ¿No te dijo quién era el padre? – No, nunca me lo dijo, pero tengo mis sospechas del Doctor Octavio Paz. -¿No es un poco grande? – sí pero pudo ser; a ella le gustan mayores, me acuerdo que una vez me dijo que alguien la consentía. Sigamos buscando el diario y no saquemos las conclusiones que tal vez encontremos allí. Seguimos buscando, de repente escuchamos ruidos arriba y Ernesto me abrazó rápidamente y me susurró: “es ella” ¿Quién, Sandra?  -no ¿no sientes el perfume a Flores? es Martha, es la misma sensación de cuando entré por primera vez y Sandra aguardaba en la habitación. Subamos a las habitaciones. Ernesto era audaz al igual que yo, tomó mi mano y subimos despacio a las habitaciones. -En la casa siempre pasa lo mismo Claudia. El grifo del baño se abrió, empezó a caer el agua por todos lados pues la bañera estaba completamente llena, entramos y la cerramos,  metí mi mano para quitar el tapón al fondo de la tina y sentí un frío intenso, un olor muy fuerte como a sangre, algo tocó mi mano en la ducha, el frío recorrió mi cuerpo como electricidad, lo que me hizo gritar -¿Qué pasó?    -algo había en la bañera y me tocó –Mira, no hay nada. Sequé mis manos con mi ropa y entramos al cuarto principal, el viento golpeaba suavemente las ventanas y se sentía nuevamente ese frío y el mismo olor. -¿Escuchas eso? -Sí, lo había escuchado antes, son lamentos, o llanto, tal vez sea Martha llorando. Frente a nosotros pasó una sombra, helada, siniestra, la casa empezó a hacer ruidos por todos lados, abracé a Ernesto y el a mí, -calma por favor, esto es lo que volvía loca a Sandra, debes ser fuerte por las dos. Ernesto, salgamos de aquí, no lo soporto, las luces se encienden y se apagan, está furiosa. -¿Quién eres? Gritó Ernesto.  Martha, ya descansa, ya tu odio acabó con todo, murió Sandra, murió su hijo, ¿qué más quieres?  Vete ya, la pesadilla terminó. Yo me quede quieta abrazada a Ernesto, esperando que alguien contestara. De repente se escucharon portazos por todos lados y cosas que caían y se quebraban, -vámonos por favor nunca se había puesto así, vámonos. No, me dijo Ernesto, quiero que venga Sandra, sé que vendrá a ayudarnos, ella lo prometió. ¿Qué dices Ernesto? Vámonos. El viento azotaba muy fuerte, el ruido en la casa era demasiado, alguien grito por el pasillo, salimos rápido y vimos a Gregorio. Es el, nuestros cuerpos se paralizaron -Míralo, está aquí en la casa, ¿porque? Se paró enfrente del cuarto de su hijo, lloraba. Los ruidos en la casa no cesaban. Vamos, necesito hablar con Gregorio, necesito preguntarle por qué la mato. Nos acercamos para entrar al cuarto donde Gregorio se metió, no estaba, no había nadie.  –¿Dónde está?  -Claudia, Gregorio está muerto. -¿Qué? -él está muerto. -¿Cómo lo sabes? -No lo sabía, me lo susurraron en el oído, está muerto. -Claudia, mírame. Él se mató, no aguantó los remordimientos y el acoso de los fantasmas de Martha y de Sandra. -si nadie supo de su muerte, debe de estar aquí su cadáver,  busquémoslo. Salimos, por toda la casa se escuchaban ruidos terribles, nos tomábamos las manos cuando algo fuerte pasaba, cuando venía sola siempre huía, pero esta vez, Ernesto estaba conmigo y decidimos quedarnos. Buscamos, rebatimos los cuartos y no dimos con nada, después de tantos años ya ni olor produciría -¿Ya has buscado en el jardín, el huerto y el vivero? -No nunca, -vamos, ven conmigo, a lo mejor está ahí. Salimos al patio, al estar adentro de la casa no sentimos que había una tormenta, empezamos a revisar el almacén donde están las herramientas, el huerto, había vestigios de que alguna vez hubo hortalizas. Llegamos al vivero, todo estaba seco, en la esquina había una flor, la única flor que estaba viva. Ahí estaba. Llamé a Ernesto. Llegó junto a mí y lo vio, era el, era Gregorio Peña, tirado en el suelo. Vamos Claudia, debemos llamar a la policía.

Asustada, llorando y con la esperanza perdida al descubrir que ya no tenía forma de poder hablar con Gregorio, me senté en las escaleras, mientras Ernesto llamaba a la policía. ¿Qué te pasa Claudia? -Me duele, sabes, pensaba que Gregorio me podría contar su historia, sé que el también luchaba contra sus propios demonios y sin lugar a dudas pienso que ya no sabré nada más de la historia. -¿porque?  ¿Ya te rendiste? Animo aún quedan cosas por saber. Casi durante 20 minutos esperamos hasta que finalmente apareció la policía, revisaron con cuidado la escena y finalmente sacaron el cadáver de Gregorio. Apareció un agente: Carlos Mendoza,  me miró fijamente a los ojos, como asustado, yo me levante de inmediato y me presenté: Hola mi nombre es Claudia Zamora, periodista. -¿Qué haces aquí, cómo descubriste el cadáver?  Es largo de contar pero con gusto le platico porque he tratado de hablar con usted y no me han dado cita ¿Usted es quien llevó la investigación de la muerte de Sandra Escobar, no es así?  En los artículos publicados leí su nombre. Vamos a la delegación, me dijo serio, ahí platicaremos.

Ernesto venía conmigo y el cadáver era llevado por una ambulancia. Ya a solas en una oficina me ofreció café y se sentó con un folder en sus manos. Yo llevé el caso de investigación contra Gregorio, supusimos el asesinato de su esposa pero tenía la coartada perfecta. Gregorio estaba mal, suponía cosas, secretos, Sandra  estaba muy asustada, la conozco desde niña, la mantenía encerrada, aterrada y enferma, en fiestas me le acercaba para saludarla y parecía muñeca, sonreía, pero tenía esa mirada perdida todo el tiempo, a todos nos contaba que era alcohólica y pues, eso era muy triste para una chiquilla de su edad, esa noche que murió fue más triste para mí. Dicen que se cortó las venas, pero… en el cuello tenía marcas, como si la hubieran intentado ahorcar. Sacó una cajetilla de cigarrillos y me ofreció uno.

Un par de días después platicamos. Sandra era una chica genial pero la tenían atrapada en otro mundo, muchas veces le insistí a Gregorio que la metiera en un centro especializado y logre hacer que la llevara una vez, pero la saco a los dos días porque la extrañaba mucho, ellos tenían una relación extraña pero nadie puede negar que la amaba, y estaba locamente enamorado de ella, yo, más bien, dije siempre, locamente obsesionado con ella. -¿una mala obsesión? -Tenía coartada pero hablé con la doctora siempre hubo unas hora y media que no estuvo con él -¿se lo dijo? – hablé con ella, me lo dijo, pero entrevisté a Juan y el me confirmó que llegaron a casa y que no escucho nada inusual, entraron y él se despidió de Gregorio que se metió a la biblioteca hasta que finalmente lo vio marcharse nuevamente, cuando regresó, escuchó cuando él gritaba que Sandra estaba muerta. -¿Usted supo que Sandra estuvo embarazada y tenía otra relación? Sus ojos se humedecieron, bajó la mirada y respiró profundamente.

-¿sabes que te pareces tanto a ella? –Sí, lo sé. Éramos hermanas mellizas, nuestra madre nos dejó en un hospicio y ahí nos adoptaron dos familias, a ninguna de las dos le dijeron de la existencia de la otra, y cuando alquile la casa sentí algo ahí, es por eso que empecé a investigar sobre su muerte pero estoy en este punto que no puedo responder mis dudas; no me contestó oficial ¿supo del embarazo de Sandra? – si lo supe, me lo dijo Gregorio, entrevistamos al Doctor Octavio. -¿Qué le dijo Gregorio? – que bebé era de él, y que estaba muy deprimido por el aborto al que Sandra se tuvo que someter pero que era lo mejor para ella y para el bebe. -¿Usted le creyó? – No había razón para no hacerlo, ella vivía encerrada, y él era su marido ¿porque lo dudas? ¿Tú sabes algo? No, solo es que pienso que no era de él, ella tenía un diario, y misteriosamente están arrancadas unas páginas, Sandra le comentó a la psicóloga que estaba enamorada y ella se lo dijo a Gregorio, por eso sospecho que el niño no era de él. – Entiendo, pero revisamos y no encontramos nada más. De pronto un policía tocó la puerta y enseguida entró a la oficina. -Perdone Agente Mendoza tenemos los resultados de la autopsia. “Muerte: Disparo en la cabeza, con la mano derecha. Tiempo de muerte diez, años aproximadamente.” -Casi lo que tiene Sandra de muerta.  Él desapareció después, quiere decir que estuvo en la casa todo ese tiempo. -¿Hay rastros en el arma? ¿Huellas?  -Solo las de él. -Entonces fue suicidio. -¿Claudia? Te quedaste pensando. – si Agente, al parecer el escuchaba voces todo el tiempo, creo que era Martha, quien le decía que dañaran a Sandra, al morir ella, siguió atormentándolo  hasta que el mismo se mató. -¿Crees en fantasmas Claudia? – ¿ha pasado una noche en esa casa Agente Mendoza? -No Nunca. -Pues lo invito a hacerlo.


A %d blogueros les gusta esto:
comprar-ed.com