OPINION DE UN AGRÓNOMO

 

Por J. Ernesto Cervantes M.

 

En mi vida profesional agronómica, he tenido el privilegio de conocer y tratar grandes personalidades del mundo agronómico, profesionistas brillantes que de una u otra forma influenciaron en mi manera de pensar y de actuar; si bien no aprendí mucho de ellos y tampoco pongo en práctica todo lo asimilado, me ha sido útil para definir mi propia filosofía de trabajar en agricultura.

 

Cd. Mante, Tam., 17 de octubre de 2018

Estimados lectores, la semana pasada mencione que a partir de la próxima iniciaría con temas de agricultura de interés general; sin embargo en los días siguientes analicé la conveniencia de platicar en un par de artículos extras un poco mas de la trayectoria de 40 años en agricultura de un servidor. Ante este atrevimiento y esperando no aburrirlos con mis anécdotas continuaré si uds me lo permiten con el tema mencionado.

En mi vida profesional agronómica, he tenido el privilegio de conocer y tratar grandes personalidades del mundo agronómico, profesionistas brillantes que de una u otra forma influenciaron en mi manera de pensar y de actuar; si bien no aprendí mucho de ellos y tampoco pongo en práctica todo lo asimilado, me ha sido útil para definir mi propia filosofía de trabajar en agricultura.

Pues bien en 1975 al ingresar al campo experimental de las Huastecas, tuve mi primer jefe llamado Jorge Nieto Hatem (QEPD) una persona con el grado de Dr, con gran trayectoria nacional e internacional. El me contrató para ayudarle en su programa de herbicidas y en apoyo logístico del manejo del Campo experimental del cual él era el jefe.

Debido a su amplia experiencia en investigación agrícola fue él quien me encaminó en esa noble actividad y me hizo saber los principios básicos de la disciplina y de sus amplitudes y limitaciones. Me dijo un día ya cuando tenía seis meses de trabajar apoyándolo, “queremos que te prepares y sigas estudiando, podrás salir de tu trabajo dos horas antes de tu jornada e irte a estudiar la licenciatura” y agregó,.. pero será hasta que tengas dos años de antigüedad y observemos tu desempeño, si es negativo el resultado no habrá permiso inmediato.

Desde luego que acepté pues no había de otra, pero al cumplir los 18 meses (no esperé hasta los 24 pactados) le recordé de su promesa y aceptó. Fue así como me inicié en enero de 1977 los estudios de licenciatura, y al mismo tiempo pensaba “algún día si dios me lo permite alcanzaré el doctorado, porque no?..estaba conciente que era cuestión de tiempo, dedicación y no perder el rumbo.

La capacidad la tenemos todos y si nos trazamos metas y objetivos tarde que temprano llegaremos a ellos los ingredientes básicos son tener fe, no claudicar y superar obstaculos. Aprendí del Dr. Nieto un consejo y hoy en día me doy el lujo de decírselo a algunos de mis estudiantes. Él me dijo “no avanzas y te atoras en cualquier obstáculo porque traes los pies arrastrando el suelo”,..y agregó “levántalos y rebasa o usa algo para apoyarte si están altas, solo así llegaras a donde quieres!”.

Estudiaba de 3pm a 9pm en Mante y de regreso tomaba un autobús que me trasladaba a Tampico llegando a las 11pm a la casa de mis padres con el único deseo de comer algo y descansar ya que a las 6am del siguiente día debía trasladarme al sitio donde me levantaría el transporte para ir de nuevo al trabajo.

Fue así que pasaron dos años de Tampico a Mante, pasando por Cuauhtémoc, Tamaulipas donde laboraba seis horas y  sin descanso al medio día para ganarme el derecho de salir más temprano para continuar con los estudios; pero por suerte y convenciendo a mis jefes con los resultados de mi trabajo, logré mejores condiciones laborales tales como uso de vehículo oficial con combustible (en ese tiempo muy barato) para traslados, entre otros.

Mientras continuaba con mi trabajo apoyando al jefe de campo, un día del año 1979 llegaron al campo experimental los Ings. Rodolfo Moreno Gálvez y Genaro Cruz, procedentes de Chapingo México del campo Exptal “El Horno” del INIA, quienes manejaban la investigación con trigo y buscaban un investigador que apoyara los trabajos acá en sur de Tamaulipas.

Como no había personal investigador disponible que se responsabilizara de dichas evaluaciones, fui sugerido por el Dr. Nieto para realizarlas, no sin antes decir que yo ya había aprendido mucho y que podía con el trabajo. La responsabilidad era mucha pero la oportunidad grande, esa actividad me daba el privilegio de ser tratado como un investigador con licenciatura sin tenerla.

Al principio tuve algunas críticas de mis compañeros en reuniones donde yo no estaba presente, pero salí avante gracias al valioso apoyo del Dr. Nieto, quien calmaba las tempestades mencionando que yo realmente trabajaba y desquitaba lo que me pagaban, y me enteré por ellos mismos quienes me comentaron posteriormente.

Cabe mencionar que a este señor (Dr. Nieto) lo había convencido de mi capacidad gracias a que cumplí con las tareas que me encomendó como requisito para contratarme al solicitarle el empleo, para lo cual ocupé dos semanas y sin goce de sueldo, fue algo injusto ese trato que recibí pero me fue útil para demostrar que valía la pena ser admitido en una institución de investigación.

Recuerdo que me dijo antes de contratarme, voy a requerir dos personas de tu nivel, pero necesito cinco para practicarles examen y de ellos escoger el par, así que invita a cuatro de tus compañeros de escuela y tú; pensé, puedo quedar fuera en la elección, pero también tengo la oportunidad de escoger con quien competir, así que invité a otros dos, no cuatro como el me indicó (al percatarse de que solo éramos tres y no cinco me cuestionó, pero le dije no sabía la razón por la cual no habían llegado los otros dos), y también no muy competitivos que me superaran en el examen. El resultado ya ni se los platico, pues como dice “bugs bunny”, no habría la historieta que les comento.

Trabajando con trigo tuve la oportunidad de conocer gente realmente brillante, no tan solo los Ings Galvez y Cruz, si no a los Dres. José Luis Maya, Marco Quiñones, Norman E. Borlaugh (premio novel de la paz 1970, por la revolución verde), Sanjaya Rajaram, Pedro Brajcich, y muchos otros; todos de una enorme experiencia y conocimiento sobre trigo y su productividad. Incluso mis tesis de licenciatura y maestría trataron sobre el mejoramiento genético de este cereal, siendo éste el motivo de viajar constantemente para recibir entrenamiento por parte del CIMMYT (Centro Internacional de Mejoramiento de maíz y trigo) que tiene su sede en el Batán Edo. de México (a unos 10 km de Texcoco).

Los viajes eran continuos a donde el trigo se investigaba como Cd, Obregon y Hermosillo Son., Toluca y el Batan, Edo. Mex., Celaya Gto. Puebla, Pue., Rio Bravo, Tam.,  Tepatitlan Jalisco y a muchos otros sitios también para atender congresos nacionales y reuniones de trabajo.

Para 1983 ya tenía dos años de haber terminado la licenciatura y deseaba continuar con la maestría, la cual era mi deseo estudiarla en la Universidad de Corvalis, en Oregon USA, pues muchos de los trigueros conocidos míos habían obtenido ahí la maestría y el doctorado.

El Dr. Hernán Cortés (QEPD) directivo de la institución donde yo laboraba me había prometido hablar con el Dr., Borlaugh para que me recomendara (si el premio novel de la paz sugería, no habría manera de negarse, era la idea) con el Dr. Ernesto Samayoa Armienta director nacional del instituto para que me otorgaran permiso y el apoyo con beca para estudiar en el extranjero específicamente en Corvalis, lo cual incluiría la capacitación para aprender el inglés.

Por azares del destino y mala suerte también, no se logró lo anterior, ya que el día indicado en el que el Dr. Borlaugh nos visitó para ver mi trabajo con el trigo en Ébano, SLP; el Dr. Hernán Cortes no pudo asistir dado que su madre había fallecido un día antes, y solo él y yo sabíamos del plan. Entonces no hubo quien hablara por mí, y yo no me atreví a hacerlo.

El Dr. J.L. Maya (director de mi tesis de licenciatura) muy amigo y tampiqueño igual que yo, con quien yo tenía comunicación constante y una muy buena amistad, me aconsejó no perdiera mas tiempo y estudiara la maestría en el Colegio de Posgraduados (CP) en Chapingo, México, animándome que ya habría tiempo para planear el siguiente paso que sería el doctorado en el extranjero.

También me sugirió que buscara en el CP a un renombrado profesor que me ayudaría mucho para obtener el grado de maestro en ciencias, y vaya que si tenía razón; era el Dr. José Molina Galán (QEPD), una grandísima persona, a quien yo consideré como mi segundo padre por su enorme ayuda y comprensión recibida de él.

Era un tipo de estatura pequeña, pero de un corazón que no le cabía en el pecho. Creo sin exagerar, por todo el tiempo que me ayudo y asesoró en mis estudios en el CP al Dr. Molina le debo más de la mitad de mis logros y beneficios obtenidos como posgraduante y profesionista.

Estimados amigos lectores, la próxima semana si uds me lo permiten continuaré con la parte complementaria de este tema (aun no sé si será otra o dos sesiones más para concluirla), muchas gracias!

En 1983 reunión en hotel Holiday Inn (ahora posada de Tampico) con El Dr. Borlaugh (Libreta en mano), compañeros del campo Experimental y un servidor (al centro con la carpeta bajo el brazo).

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