PRINCIPIA EL OTOÑO

 

ALICIA CABALLERO GALINDO

 

ASTRONÓMICAMENTE ENTRE EL 22 Y 23 DE SEPTIEMBRE OCURRE EL EQUINOCCIO QUE MARCA EL INICIO DEL OTOÑO, TAN BELLO Y ETERNO COMO LA PRIMAVERA, ES DESAGRADABLE QUE LO LIGUEN METAFÓRICAMENTE CON PRELUDIO DEL FINAL DE LA VIDA.

 

Nicolás Copérnico, (1473-1543), astrónomo nacido en Polonia y formulador de la teoría heliocéntrica (el sol como centro del sistema solar) fue, ante todo, el iniciador de la revolución científica que acompañó al Renacimiento europeo. Con toda justicia; por ello, se ha llamado revolución copernicana a la ruptura de la ciencia con las voces del dogma. Fue de tal trascendencia su pensamiento, que alcanzó más allá del ámbito de la astronomía y la ciencia para marcar un hito en la historia de las ideas y de la cultura. A partir de sus teorías empiezan a surgir detractores y seguidores; una de las más fuertes oposiciones fue la de la Iglesia, casada con su dogmatismo que poco a poco fue cediendo ante las evidencias de una realidad distinta a la que pintaban.

La teoría de Copérnico se vio reforzada por los aportes científicos de Galileo Galilei, astrónomo también oriundo de Pisa Italia (1564-1642) considerado como el padre de la astronomía moderna. Construye el primer telescopio que no deforma la imagen y puede captar a las estrellas que no se ven a simple vista. Ya en Holanda, se había construido un telescopio en 1609 usando un lente divergente y que no poseía la fidelidad deseada.

A partir de esa fecha, se estudian con más detenimiento los movimientos de la tierra, así como el impacto en el planeta que da lugar a las estaciones del año. Cada una de ellas tiene su belleza y son una sucesión ininterrumpida sin principio ni final. Ligar el otoño y el invierno con las últimas etapas de la vida no me parece adecuado porque cada período del año guarda un encanto especial que hace soñar al ser humano. Hablar de los árboles desnudos por los efectos de la estación invernal como una carencia de vida es una perspectiva fatalista ¿Por qué no aprendemos a verlos como una “limpia general” de lo acumulado para renovarse y crecer? En primavera crecen los nuevos brotes y se fortalecen los troncos. Tan sólo se preparan para un cambio positivo.

¿Qué el invierno es frío y muchos seres vivos padecen y mueren por las bajas temperaturas? ¡También el calor excesivo mata niños y ancianos sobre todo! La primavera y el otoño son estaciones de transición que preparan a los seres vivos para el cambio. ¿Sabían que la primavera es la época con un mayor índice de suicidios? ¿Qué el otoño es triste? ¡Mentira! El viento de otoño sopla alegremente. El otoño es una estación hermosa, nos invita a la paz y la reflexión nunca a la depresión. ¿Acaso no nos damos cuenta que hay cosechas que se producen en estos tiempos? Los hermosos nogales que adornan las ciudades y el campo, ante el embate del viento, arrojan su preciada carga y tapizan los suelos de su deliciosa fruta. La sabia naturaleza nos brinda en cada estación una fruta distinta, propia de distintos tiempos. Las tradicionales calabazas de casco, son cosechadas en otoño y adornan con frecuencia los Altares de Muertos endulzadas por la cosecha de caña de azúcar convertida en melado o piloncillo ¿Quién puede negar que los “nortes” en nuestra región son recibidos con regocijo? Ponen fin a los calores intensos. Caminar por lugares donde las hojas secas forman una delicada alfombre que cruje cuando caminamos sobre ella y vuela cuando el viento sopla es una delicia.

Nuestro planeta en su girar sin fin nos enseña que la vida es un cambio constante, y nuestra especie, debe entender que el tiempo trabaja a nuestro favor cuando lo sabemos aprovechar, cada experiencia nos deja un aprendizaje y el acumular años vividos es capitalizar enseñanzas vitales para vivir mejor. Mientras en el hemisferio norte recibe el otoño, el hemisferio sur, a la primavera; ¿cuál es el principio y cual el final? La vida es un constante devenir y debemos mirarla con optimismo. Es un privilegio estar vivo cuando otros se han quedado en el camino por distintas circunstancias. ¿el otoño de la vida? ¿la primavera vital? nadie conoce el momento de su partida y cuando este momento llegue, pues será como la metamorfosis de una oruga convertida en mariposa; se desecha un estuche inservible para extender las alas y volar en otros cielos con libertad.

Los días grises también son hermosos, encierran una belleza singular, todo depende de la actitud de quienes los ven.

Bienvenido otoño, tiempo de renovación y cambios; la naturaleza es sabia, ¿por qué no aprendemos de ella? Cambiar para crecer, aprender para perfeccionarse y entender que Dios nos regala un intelecto capaz de crear, cambiar, aprender e intentar siempre ser mejores. El árbol que se queda sin hojas, no muere, se prepara para crecer fructificar y reproducirse, los animales que hibernan, durante su letargo, dan a luz a sus crías, y se fortalecen.

Debemos amar las cuatro estaciones del año pensando que implican cambios necesarios para perfeccionar nuestro diario vivir y tratar de ser mejores cada día.

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