PUDIERA SER

CARLOS ACOSTA

LODI

1

Lodi, podría ser el nombre de cualquier mujer callada, triste por definición, ordinaria como pocas, que un día, por la autopista, con el pulgar y la falda, te pide que la levantes. Lodi podría subir al asiento delantero, porque esta vez viajas solo. Y luego de algunos siglos de silencio apabullante, ella se anima y disuelve, con una palabra, el hielo. Y se interesa en tu nombre, el sitio donde trabajas, la ciudad en la que vives. Tú, que a la vez no desvías la atención de la autopista, a retazos vas dejando caer tus revelaciones. Ella es una confianzuda. Mastica chicle. Te observa. Por momentos se acomoda su cabello con las manos. Es una fiesta su charla. Un amanecer su risa.

2

Lodi también puede ser, lo púrpura de la tarde. El sueño que allá, a lo lejos, va dibujando entre nubes, la pesadumbre del sol. Y uno que quiere rasgar con las grietas de las manos el agonizante cielo. Uno que quiere decir: eres Lodi, lo que muero, lo que no quiero morir en la agonía del crepúsculo: eres la espina en lo blando, opresión en la osamenta, adiós perdido una noche, un dolor de mis entrañas, ¡ay! plegaria por mi muerte.

3

Solo, en el bar vacío. Con reflexiones volando, bajo, como zopilotes. En la mano una cerveza, en los ojos el olvido. En la mesa, implorantes, una canción y un sombrero. A dónde van los recuerdos, a dónde la paranoia. Quién bendice porvenires, quién sataniza futuros. Y la lluvia que no para, deslavando la tristeza de una ciudad que no duerme, al tiempo que un trasnochado, solo, en el bar vacío, reflexiona emponzoñado por albores que no llegan, por la muerte que no avisa. También podría ser Lodi.

4

Y un callejón escondido a donde nadie se acerca. Y la lluvia de la noche. Y una pareja de amantes haciendo el amor de pie recargados en la barda bajo el farol del olvido. Y estas letras que no saben de nominar amoríos, de bautizar soledades, de sanar viejas heridas. Y los ojos que vacían sin pudor los lagrimales. Y lágrimas que hacen charcos como si fueran la lluvia. Y lluvia mojando el alma lo mismo que fuera llanto. Y unos pasos por la acera de los besos prohibidos. Y los sueños imposibles de platicar a la gente. Y uno que ya no quisiera seguir contando lo suyo. También podría ser Lodi.

5

Lodi también suele ser lo que nunca imaginamos. El nombre de una mujer ordinaria como pocas. La autopista, la aventura. La sangría de la tarde en el pueblo de la infancia. Lodi, también puede ser la mesa de una cantina y un condensado silencio. Una calle oscura, larga, como el pasillo al infierno. El más hermoso poema que, por cierto, madrugada, algún día te escribiré. Un amargor. Una loma. Un albor que nunca llega. También podrían ser Lodi.

 

*

También es bueno divagar.

Sentarse al escritorio y esperar a que el verso, la metáfora, el relato, caigan del cielo, broten de la tierra, los traiga un relámpago.

Y que escurran por la tinta hasta los renglones del cuaderno.

Esperar a que suceda he dicho, lo cual quiere decir que todavía no están.

Es válido dejar que pasen minutos, que en cuestión de minutos se hagan horas y que a su vez se diluyan en los ojos y en los dedos.

Digo: También es bueno, e incluso escribo Es válido, debido a que las ganas de dormir, el suspiro, el bostezo, es lo único, más o menos poético que ronda por aquí.

Divagar.

Que se haga cargo de uno, el ocioso discurrir del tiempo.

 

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