“Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción biológica”.

 

Por Jaime Pérez Uzcanga

La frase es de Salvador Allende, presidente de Chile caído en el Palacio de la Moneda, durante un violento golpe de estado comandado por el Gral. Augusto Pinochet (uno de los más sanguinarios dictadores de América Latina), alentado, orquestado y financiado por el gobierno de EUA, el 11 de septiembre de 1973.

Un año antes, en diciembre de 1972, Salvador Allende visitó México.

Recuerdo con claridad (yo tenía 21 años de edad y estudiaba mi carrera en el DF) el paso del desfile que Luis Echeverría y Salvador Allende realizaron por el Paseo de la Reforma, desfile que presencié de pie justo en la esquina de esa avenida y la calle Río Tíber (en donde se ubica el Ángel de la Independencia), a escasas cinco cuadras de donde estaba mi departamento, en la calle Río Grijalva.

Este apunte viene a cuenta porque vi un video del discurso que pronunció AMLO hace tres días en la ciudad de Iguala, en el que repite esa frase y menciona a Allende, lo que me trajo a la memoria ese pasaje de mi juventud y la reflexión del hecho -muy lamentable- que, a 46 años de distancia, el mundo aún siga clamando por el intervencionismo y la violencia en el devenir de las naciones.

 

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