SI NO ESTUVIÉRAMOS LOCOS

#Noticias desde El ‪#‎Mante

 

1

No sé qué escribir ahora. Hay silencio. Afuera llueve. Es un gotero de voces que en los charcos dice algo que no alcanzo a descifrar. A veces creo que se queja, luego como que celebra.

2

Hace unas horas, mientras conducía el auto, parecía todo estático: el sol rojo en el poniente, los fresnos del boulevard, las nubes que desde lejos, tristes, pero se acercaban, los niños del parabrisas, el alma: el aire en la calle.

3

La ventana de cristal donde veía el horizonte ya es opaca para siempre. Tendré que tomar de nuevo aquella vieja costumbre de mirar en mis adentros.

4

No me guardo los secretos. La guitarra, en un rincón, en estos últimos días, no ha sabido de mis manos. Es mi enemigo el silencio. La garganta, adolorida, canta apenas, pero canta y los pies van y regresan de la memoria al olvido, sin saber lo que es la vida, sin entender el por qué, el quizás, los para cuándo.

5

Un amigo celebró el tiempo en que conocía mis versos, no mi persona. Ahora se aleja, cauto, porque sabe a ciencia cierta que su cordura está en riesgo.

6

No sé cuál tinta, cuál savia, al exprimir cuáles huesos, habrá de manchar la página.

7

Hay silencio, afuera llueve, el agua cuenta a su modo de un tiempo acerado y brioso, adelgazado y siniestro, hace arroyos por las calles sucias de la suciedad que campea sin menosprecio, lágrimas: lodo podrido: espejos del desconsuelo.

8

Se acerca un lienzo de sueño que quiere cerrar los ojos, es una sábana blanca que el amanecer arrima a la sombra de los párpados.

9

Un hombre anónimo más, en una ciudad anónima.

10

Y si una vez en la historia, las hormigas gobernaran al mundo que conocemos. Y si por fin comprendiésemos el lenguaje de los pájaros y habláramos con ellos como quien se sabe un árbol. Si fuésemos tan felices, como en los buenos momentos en que pretendemos serlo; si los zapatos vinieran con la luz de un par de alas; los indigentes tuvieran acceso a vestir de frac y a ser gente bienvenida en cenas presidenciales después de un concierto de ópera. Si las armas fueran tallos y las balas fuesen flores y los gritos fueran besos, los guantes de box aplausos: si no estuviéramos locos.

11

Si la metáfora fuera una verdad implacable. Si justicia y libertad no fueran sólo excremento en las manos de esa gente sin corazón, sin cerebro. Si no estuviéramos locos.

12

Y por qué habrían de leerme, algunos ojos insulsos, desorbitados, inciertos, tan lejanos a los míos, tan sin saber si es que existo. A quién le habrán de importar las minucias de una vida común, fugaz, no apacible, como la de nunca nadie.

13

Uno piensa que sus penas son las uvas más amargas. Uno cree que abrir los ojos es el milagro más grande. Y quién habrá de creerlo, si cada uno tiene bastante con sus propios laberintos. Por qué habrían de leerme. Por qué habrían de hacerlo.

14

De verdad no, no lo sé, de qué escribir esta noche.


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