SOLO QUIERO DECIRTE QUE VOLVÍ

MIGUEL ÁNGEL VILLALOBOS GÓMEZ

Cuanta lluvia ha lavado nuestras calles de entonces, cuanto llanto ha mojado la plaza. Hoy hubiera sido fácil haber tomado el teléfono y buscar tu número, llamarte y platicar, pero no, en nuestro tiempo no había estas modernidades. Fuimos jóvenes condenados a perseguir el recuerdo abandonado en nuestros lugares.

Rondábamos los diecisiete, sangrábamos con cualquier roce de nuestras manos, jugando a ser mayores,  recién descubríamos nuestros labios e iniciábamos el juego del amor. Ya no importaban las muñecas ni el futbol, ni las clases en aquella secundaria que nunca terminamos. Nos amenazaba la inminente adultez. Nunca acaricié nada más allá de tu espalda y tu cintura, algo dentro de mí se negaba a adentrarse en tu fuego.

Nuestras tardes eran muy predecibles, después de trabajar desde las nueve de la mañana, entre humo de solventes, pintura, brochas  y pinceles, en el negocio de rótulos de don Trini, ya terminado el día, caminaba con “El Chungo” por toda la calle Alameda hasta el canal de la cortadura y de ahí al centro hasta la plaza de la libertad donde nos encontrábamos sin siquiera ponernos de acuerdo. Sabíamos que ahí estaríamos, y después las manos, las miradas, el andar despreocupados hasta la plaza hijas de Tampico donde tomarías el carro de ruta que te llevaba a tu casa en la Morelos, entre risas mirábamos los carros pasar y decía que uno no me gustaba, el siguiente no te gustaba a ti y así hasta que “en el siguiente beso si me voy” decías, y entre risas rectificabas, “no, en el siguiente carro”.

Quiero que sepas que volví. Me aguardaba la banca donde te dije adiós un día, para buscar otros días mejores, en otras calles, lejos de nuestra infancia pobre.  Ahí estaba la banca, sola, la plaza no era la misma, se había convertido en un monstruo que devoraba vehículos para vomitarlos después al tránsito citadino. Más abajo, la otra plaza ya no estaba, ahora había un mercado de alimentos y un estacionamiento, no supe que pensar, ahí dejé una parte de mi vida.

Caminé por las calles llenas de gente, a través de los mercados, por otras calles solitarias y llegué al puente de la puntilla. En otras calles más solitarias deambulé como demente hasta que encontré el lugar, en el pequeño patio de tu casa, donde bailamos juntos, donde le pedí a tu madre que nos permitiera salir como novios, recuerdo tu timidez y yo tomándote la mano. Pero ya no estabas, la casa lucía abandonada. Caminé un poco más, encendí un cigarrillo y desistí pronto del humo embriagador. No estabas, tomé un carro de ruta hacia el centro, volví a la plaza del último beso, tampoco estaba.

No regimos nuestra vida, tampoco hay destino, tomar decisiones nos cambia los días que creemos felices, somos pétalos de flor que el viento arrastra según las circunstancias, como tú, como yo, como todos los que fuimos. Fuiste una flor que el viento deshojó en mis manos,  la lluvia se llevó tus pétalos y quedaron desnudas, solo con el tallo y las espinas. Ahora no sé quién eres. El tiempo nos golpeó, despiadado, la lluvia lavó nuestras calles, pero te prometí volver,  suplique ante tus ojos húmedos que me esperaras, no sé qué sucedió, circunstancias, la vida. Solo quiero decirte que volví, no soy el mismo que se fue. Ojalá te haya llegado pronto el olvido, no hubiera querido que sufrieras. Tal vez hoy ya no sirva de nada pero quería que lo supieras. ¿Volverán otra vez esos días? Ni siquiera somos nosotros ¿Volveremos a ver la plaza juntos? No lo sabemos, no hay nada escrito, solo somos letras danzando en el libro de la vida. Pero hoy, no sé por qué, no sé si lo sabrás ya, pero sin ti, solo, solo quiero decirte que volví.

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