TRÍADE

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1

Por qué no pueden, no quieren,

caer las letras

de las yemas de los dedos

a las hojas del cuaderno.

¿Será que la savia endulzó?

¿La sangre se ha desteñido?

Yo no sé si el manantial de agua salobre

ya es desierto.

Si el grito se hizo silencio.

Cuida tus espinas dijo el agua.

Descuida tus pies, el camino.

A veces creo que el corazón y el alma

pueden volverse trapos viejos;

a veces me da por pensar

que pueden convertirse en galaxias.

Pasan las horas, los siglos.

El horizonte es abundancia de nada.

¿A dónde habrán ido las palabras?

 

2

Hoy no pienso.

Están de vacaciones las neuronas.

Me concedo unos minutos

unas horas

de vacío intelectual.

Camino por el filo de la tarde

libre la cabeza de divagaciones.

 

Para mi sorpresa

hoy no floto sobre el suelo

al contrario

bajo mis pies

siento lo blando de la tierra

que algo incomprensible

murmura.

Pero escribí desde el primer renglón

que por esta vez

no hay cabida para elucubraciones.

 

Quiero que el aire golpeé las mejillas

revuelva el cabello

musite su lenguaje en las orejas.

Caminar sin rumbo

sin regreso.

 

No sé quién soy

no quiero saberlo.

Ruego que nadie se acerque a decírmelo.

No importa qué vendrá mañana

qué sucedió hace dos años

cuáles imprudencias hoy.

Tampoco duele aquello que reza:

soy la memoria que tengo

ni apasiona el sabio que anuncia:

se acerca la alegría

lo peor ya pasó.

 

A momentos me sorprende

el hecho de mantener

la mente libre de recuerdos

desierta de planes

ausente de preocupaciones.

¿Me estoy volviendo irresponsable otra vez?

¿Un ciego exclusivamente sensitivo?

 

Pero está bien así.

Me basta con el rumor de la arboleda cercana

con el camino angosto flanqueado por la hierba

con las toneladas de silencio sobre mi cabeza

rasgadas de vez en cuando por el graznido de un tordo.

 

Para ser yo

no es preciso pensar.

Si pienso demasiado

enmarañaré mi cabeza

–por fuera y por dentro–

y como lo advirtió el poeta

terminaré intoxicado de filosofía.

 

Nada entonces

como concederse una tarde

para andar despacio

y olvidarlo todo:

trabajo, deudas, achaques

casa, proyectos, reclamos

olvidar incluso quién es uno

por qué vive, canta, juega

por qué no duerme, se angustia, llora.

Nada como olvidarse del mundo y de sí mismo unas horas.

Perderse para ser

–sin darse cuenta cabal–

huizache, lagartija, aire, cielo, tarde, tierra.

 

3

Muchas veces fui lo que quise y no lo que pude

Perdí la vida en busca de lo inalcanzable

y hallé tesoros que nunca busqué

Supe que de mí sabía poco

y me asumí como era:

Olvidadizo Frágil

Pero siempre me gustó que me quisieran

 

Aposté por el amor simple

y por el poema de los hombres sencillos

Más de una vez telarañas de dudas me atraparon

en insomnios sin final

Y más de una vez el grito de la aurora

me salvó de las garras de la oscuridad

 

Muchas veces fui lo que quise y no lo que pude

No dije esta boca es mía cuando el miedo me acosó

pero hablé más de la cuenta si me amaban

Canté toda mi vida dos o tres canciones

no por mala memoria sino por sustentar lo que fui

Y aunque los años siempre dieron con mi escondite

hubo un día en que supe que nunca iba a morir

 

Una vez alguien dijo a mis espaldas:

no es nadie nunca va a ser nadie

Y corrí a mirarme al espejo

Y me asumí como era:

Único Eterno

alguien a quien siempre le gustó que lo quisieran.


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