Victoria y Anexas

#‎Noticias desde El ‪#‎Mante

Por Ambrocio López Gutiérrez

 

LOS PRIMEROS PASOS

Apenas pasaba de los 20 años de edad cuando incursioné por primera vez en las aulas como docente ya que las condiciones se dieron para ser contratado en el Colegio Ignacio Zaragoza, de Reynosa donde, en forma empírica, impartí clase a niños de cuarto y quinto grado; durante más de tres años me mantuve en ese trabajo estimulado por el hecho de que me había inscrito en el Centro de Capacitación del Magisterio Tamaulipeco que en esa localidad fronteriza dirigía el profesor Cuitláhuac Vázquez; en Ciudad Victoria estaba la sede principal encabezada por el también normalista José Herrera Morales.

Del tiempo en el citado colegio privado recuerdo con mucho respeto a la profesora Yolanda Pulido Olvera, quien con muchos esfuerzos mantenía una plantilla docente cuyos integrantes compensaban con entusiasmo la falta de experiencia como en mi caso que tenía serias dificultades para fomentar las tareas artísticas y acudía a la benevolencia de las maestras Alma y Claudia quienes enseñaban a mis alumnos los pasos en los bailables, a cambio, yo entrenaba a sus pupilos en oratoria y declamación, además, les enseñaba ajedrez.

Como estaba estudiando, la directora Pulido Olvera consideró prudente que yo participara como instructor de alfabetización dos veces por semana en las tardes lo cual constituyó una experiencia enriquecedora ya que trabajaba con personas de varias edades; entre mis estudiantes destacaba un afamado locutor fronterizo quien, con mucha humildad reconocía que necesitaba su certificado de primaria para que le permitieran continuar frente a los micrófonos.

De mi estancia en el CCMT rescato el hecho de que estudiaba con personas de edad avanzada ya que a veces trabajábamos en equipo; me conmovía mucho un compañero con más de 70 años de edad que se esforzaba porque tenía la ilusión de obtener su título de profesor y jubilarse con mejores prestaciones; todos los inscritos en ese centro gozamos de la amabilidad y consideración del maestro Cuitláhuac Vázquez quien estaba siempre atento a dudas y reclamos recibiendo a sus alumnos hasta en su domicilio particular.

Estando en la AJEF (Asociación de Jóvenes Esperanza de la Fraternidad) participé como voluntario en las campañas de alfabetización en el municipio de Reynosa con el INEA (Instituto Nacional para la Educación de los Adultos) en las colonias Almaguer, Las Cumbres, Emiliano Zapata y Benito Juárez de le localidad mencionada.; también me procuré ingresos extras ayudando a muchachos irregulares de secundaria durante el verano.

Con dificultades hice estudios en lo que sería la normal básica pero cuando intenté por primera vez formar una familia, mis ingresos no alcanzaban y tuve que aceptar otros empleos en el comercio o en instituciones públicas antes de llegar al oficio de periodista que he ejercido por más de 30 años en diversas localidades de la entidad; siendo reportero de base en un diario de Ciudad Victoria tuve la fortuna de cursar el Diplomado en Periodismo ofrecido en la entonces llamada Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Tamaulipas.

Aquel curso fue coordinado por el doctor en Educación, Sergio Alberto Flores Leal; fue precisamente mi empleo como periodista el que me trajo a la UAT donde se me contrató (hace más de 25 años) como redactor en el equipo de la entonces llamada Dirección de Relaciones Públicas y Prensa (en la actualidad es la Dirección General de Comunicación Social) a donde sigo perteneciendo.

Consolidado mi empleo en la oficina de Prensa de la UAT, decidí ingresar a la licenciatura en Sociología donde fortalecí mi relación con magníficos docentes e investigadores algunos de los cuales, pasado el tiempo, se han convertido en apreciados compañeros en la Unidad Académica Multidisciplinaria de Ciencias, Educación y Humanidades donde tengo el privilegio de colaborar como profesor de horario libre en las licenciaturas de Sociología, Historia y Lingüística Aplicada.

Recién egresado de la carrera de Sociología también impartí clase en la preparatoria del Centro Educativo Surval donde tuve gratas experiencias como docente pues podría decirse que fue mi regreso formal a las aulas después de muchos años de incursionar en el trabajo periodístico; debo reconocer que por mi oficio de reportero tenía la tendencia a la dispersión laboral y la participación como maestro en un colegio particular me ayudó a meterle orden a mi vida ya que en esas instituciones cuidan mucho la puntualidad y el cumplimiento de los programas, además de que en el caso específico del Surval, motivan a los profesores a involucrarse y comprometerse en tareas extraescolares.

A nivel de bachillerato trabajé con las asignaturas de Ciencias Sociales, Filosofía, Lógica y los talleres de Lectura y Redacción (I y II); también me tocó participar como ponente en un foro orientado a disminuir el consumo de sustancias prohibidas y abrevé en el campo de la Psicoterapia Gestalt ya que el plantel se declara respetuoso de las creencias y basa su estrategia educativa en el amor como valor superior entre todos los seres humanos.

Vale la pena mencionar la trascendencia que ha tenido en mi desarrollo personal y profesional el diplomado en Psicoterapia Gestalt y fue con estudiantes preparatorianos donde tuvo sus primeros frutos ya que me di cuenta que tratar bien a los alumnos redunda en una respuesta más generosa de los jóvenes quienes aprecian mucho que sus profesores los valoren y los respeten; fue precisamente en el bachillerato donde aprendí también a valorar las enseñanzas de los estudiantes y de otros profesores, especialmente recuerdo a la maestra Gloria Guadalupe Caballero Collado, al médico Carlos Moreno, a la profesora Lilia Margarita Montoya quienes, tal vez no lo sepan, pero me motivaron mucho y fortalecieron mi compromiso con la labor docente.

Quise mencionar lo anterior para expresar mi sentimiento por la muerte reciente de un niño que estudiaba en una secundaria victorense; es muy difícil opinar sobre el tema de la violencia en las aulas pero es aún más complicado encontrar culpables; creo más bien que hay muchas instancias responsables del bullyng: somos responsables los profesores de todos los niveles por no propiciar ambientes más amables en las aulas; somos responsables quienes hemos criado hijos y no nos hemos involucrado lo suficiente con el entorno escolar; son responsables los funcionarios del sector por no impulsar políticas educativas que contribuyan a propiciar mejores relaciones entre todos los actores del proceso.

Correo: amlogtz@prodigy.net.mx


A %d blogueros les gusta esto:
comprar-ed.com