VOZ DE UN OLIVE CUITOL

 

ARTURO CASTILLO TRISTÁN

 

Esto solo es un asomo ligero a la voz del maestro Arturo Castillo Tristán que en el año de 2014 fue merecedor del primer lugar en el primer concurso estatal de poesía huasteca convocado por el Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes y cuyo libro fue presentado el pasado viernes dieciséis de noviembre en la biblioteca municipal “Praxedis Balboa Gójon” de nuestra dulce ciudad Mante, lugar en donde fuimos testigos de la capacidad poética del maestro y de su profundo amor por nuestra región, atestiguamos la grandeza de su amor por México y su compromiso con él, asimismo conocimos de viva voz el entrañable cariño que tiene con la amistad comprometida y con la seria picardía de nuestro pueblo asomada en sus letras. Felicidades Maestro, gracias por traernos su pasión por las letras regionales y gracias por su amistad, desde este Colectivo3, un abrazo. Miguel Ángel Villalobos Gómez.

 

Mi Huasteca

Para muchos invisible,

para nosotros divina,

somos tronco, ella resina,

somos la sombra tangible.

Es omnímoda, accesible,

tradición y fundamento,

del nadir al firmamento,

es fiel y noble morada;

mi huasteca no es cuadrada,

es circulo en movimiento.

 

Es circulo en movimiento

con un cachito de mar,

es la montaña, el palmar

donde el murmullo del viento

le da al son el argumento

para empezar el ritual

que transforma el milcahual

en una milpa florida,

mi huasteca es la encendida

llama del amor filial.

 

Llama del amor filial

porque es madre del huasteco,

y aquí reverbera el eco

como constante espiral.

Es rayo matutinal,

preciosa planta en renuevo,

por eso mi voz elevo

cuando nace la alborada,

mi huasteca no es cuadrada;

es manantial donde abrevo.

 

Nadie me reclame nada

He transitado en el huerto

fragante de la amistad,

respirando libertad

en el fraterno concierto.

Tengo el corazón cubierto

de notas cuya tonada

va de amigos impregnada

cada día que amanece

y así mi gusto florece,

nadie me reclame nada.

 

No he sido un hombre perfecto,

el que toda mujer sueña,

pero sí aquel que se empeña

en dar transparente afecto.

Mi sentimiento es directo

como diáfana cascada,

llevo en el alma labrada

amorosa flor de lis,

por eso en este matiz

nadie me reclame nada.

 

 

 

 

 

Mi México

Un suave aleteo me halaga

de Tampico a Matamoros.

¿Águilas, palomas, loros?

El duende campero indaga.

Cardón, huizache, biznaga

ve mi horizonte primero,

el pájaro carpintero

es sonido matinal

en este vuelo auroral,

México, cuanto te quiero.

 

En el vasto jojobal

de Nuevo León a Chihuahua,

en el giro de la enagua

que refleja el matorral.

En el seto, el tecorral,

cómplices del tlachiquero,

en el cálido brasero

de tepehuanes y pimas,

en los barrancos y cimas,

México, cuanto te quiero.

 

En las veredas del puma,

del berrendo montaraz,

de Tijuana hasta La Paz,

donde hay viento, arena, bruma.

En las olas con su espuma,

que juegan con el barquero,

en la luz del pebetero

donde resurge tu gloria,

en la huella de la historia,

México, cuanto te quiero.

 

En Cuetzalan, Teocaltiche,

el Nayar, Tixtla, Zempoala,

en Centla, Cuautla, Tlaxcala,

en las vueltas del trapiche.

En el bocol, en el cuiche

y el aroma del romero,

en el canto del jilguero,

el cenzontle y la torcaza,

en el color de mi raza,

México, cuanto te quiero.

 

De Escárcega a Mazapil

mi pensamiento te borda,

en toda la Sierra Gorda

con Jalpan en el carril.

Con el Pame, el guachichil,

que tienen vigor de acero,

en el brillo del lucero

testigo de esta alabanza,

en el vaivén de la danza,

México, cuanto te quiero.

 

En cada fértil semilla,

herencia de los abuelos,

en recovecos y cielos

de la rosa de castilla.

En el agua de huapilla

que convida el alfarero,

en las manos del obrero

que construyen esperanzas,

en aguas bravas y mansas,

México, cuanto te quiero.

 

En el petob de la abuela,

la manta, el barro, el huipil,

bajo la luz del candil

que nuestro rostro revela.

En el café con canela

que conforma el guitarrero,

en la magia del yerbero,

que cura las asperezas,

en el morral de sorpresas,

México, cuanto te quiero.

 

En Aztlán, Tamtoc, Tajín

Bonampak y Monte Albán

en Tula, Teotihuacán,

Tzintzuntzan y Tizimín

En la marimba, el violín,

en el arpa y el pandero,

bajo el ala del sombrero

que distingue al labrador,

en sus gotas de sudor,

México, cuánto te quiero.

 

En el maizal que detona

como el maná del cristiano,

en la fe del hortelano

que su retoño pregona.

En todo aquello que abona

fortaleza en el sendero,

en el pilón mitotero

que me brinda un dulce guiño,

con el corazón de niño,

México, cuánto te quiero.

 

La Patria

La patria está en las veredas,

en la tierra, en la floresta,

es el grano en cada cesta

y el giro de nuestras ruedas.

Es color de las resedas

con sonoridades plenas,

en liturgias y verbenas

sobre la comba gratísima,

la patria es sangre purísima

que corre por nuestras venas.

 

La patria es el estandarte

que ondula en el sentimiento,

transparente movimiento

que el corazón nos comparte.

Es solitario baluarte

que otea nuestra heredad,

raíz, rostro, identidad,

voces de ayer y de hoy,

la patria está donde estoy

con toda su intensidad.

 

Mi patria es la raza azteca

en el ombligo del mundo,

mi patria es latir profundo

del antiguo chichimeca.

Mi patria es alma huasteca,

firme como una muralla,

es regocijo que estalla

en el cielo del sinsonte,

mi patria es el horizonte

a donde quiera que vaya.

 

Soy un criollito de enero

En los puntos cardinales

que me obsequia el soberano

del cielo, un gajo rebano

con rayos matutinales.

Ahí inserto decimales

que ruedan sobre el mantillo,

aunque sólo soy potrillo

de un hato que se rebela,

la esfera que me cincela

me llama: Arturo Castillo.

 

Como la flor del pitayo

soy un criollito de enero,

mi madre un gran candelero

de amor me brindó en el sayo.

Esta ternura la entallo

entre lomas y ciruelos,

mis espacios de la infancia,

los que me dieron su estancia

allá en Antiguo Morelos.

 

Hijo del maíz garante

que vitaliza el sendero,

soy humito del brasero

en la ruta galopante.

Soy un duende itinerante,

pame, olive, malahueco,

por eso no me reseco,

soy fuerte como el huizache

y el tiempo con su remache

me puso el sello huasteco.

 

 

La boca…

Sé que con tus labios labras

Los signos donde apareces,

Sin permitir las palabras

La boca dialoga, a veces.

 

El viento ensambla el lenguaje

del silencio corporal,

y el movimiento coral

enjuga todo el paisaje.

Bebo el matiz del oleaje,

de besos, noches y meses,

ahí donde permaneces

invisible a abracadabras,

sin permitir las palabras

la boca dialoga, a veces.

 

Van geográficas caricias

en pos de tus coordenadas,

se elevan las llamaradas,

cuando silente propicias

la historia de las delicias

que con tus labios ofreces,

en cada poro pareces

cálida luz de topacio,

en este febril espacio

la boca dialoga, a veces.

 

Circulan entre mis venas

soles, lunas y luceros,

en mi piel se hacen esteros

de caimanes en verbenas.

¡Ay, sentir que me encadenas

acariciando estas mieses!

¡Ay, palpitar que te meces,

amor que me descalabras!

Sin permitir las palabras

la boca dialoga, a veces.

 

 

El Bicentenario

Ya pasó el Bicentenario

de la dizque Independencia,

y con esto la ocurrencia

del show en el escenario.

Hubo un gasto estrafalario

con bombos y colorido,

yo como soy entendido

nomás me pongo a pensar

¿de qué sirve celebrar

si el pueblo sigue jodido?

 

Son más de doscientos años

y siguen las injusticias,

egoísmos, avaricias

que van desatando daños.

Un millón de desengaños

en el inmenso tejido,

bribonadas sin sentido

de patria y de bienestar.

¿De qué sirve celebrar

Si el pueblo sigue jodido?

 

Siguen más y más achiques

para el hombre campesino,

sigue el proceder ladino

en manos de los caciques.

Siguen los mismos trafiques,

el mismo feroz graznido,

con un afán pervertido

continúan los hambreadores.

¡Qué celebramos, señores,

si el pueblo sigue jodido!

 

Pasó la Revolución

y todo se han carranceado,

el campo sigue atrasado

con abuso y corrupción.

Funcionarios en montón

siempre lo tienen hundido

y al jornalero oprimido

nunca le dan su lugar.

¿De qué sirve celebrar

si el pueblo sigue jodido?

 

Sordo y ciego es el gobierno

con aquel que nada tiene,

sólo cuando le conviene

aparenta ser muy tierno.

Esos hijos del averno

tienen el seso podrido

nada más puro ladrido,

nosotros no somos cabras,

en este río de palabras

el pueblo sigue jodido.

 

Hay desempleo a destajo,

carencias en los hogares,

faltan centros escolares,

el salario sigue bajo.

Y al pobre siempre al carajo

lo mandan si es atrevido,

sin voz y muy mal nutrido

sigue con el malestar.

¿De qué sirve celebrar

si el pueblo sigue jodido?

 

Funcionarios, senadores,

ministros y diputados

buscando sueltos mejores.

También los gobernadores

buscan en París un nido

con un gran jardín florido

sirvientes y muchos lujos,

mientras acá sin tapujos

el pueblo sigue jodido.

 

Elecciones fraudulentas,

indígenas masacrados,

braseros por todos lados

y un sinnúmero de afrentas.

Siguen pendientes las cuentas

en el corazón herido,

por eso estoy sorprendido

en este peregrinar.

¿De qué sirve celebrar

Si el pueblo sigue jodido?

 

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