CUENTOS DEL ROPERO

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Por MARISOL VERA GUERRA

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-¿Qué haré ahora si no puedo trabajar ni tener la luz prendida? -Ya sé, mami, hagamos una pijamada. -Qué buena idea. Y contamos historias de terror.-Sí, son mis favoritas.

-Yo empiezo, había una vez una mamá que no podía ver. Entonces se le apareció el hada de los ojos y le dijo: “Vamos a hacer un trato y yo le devuelvo la vista a tus ojos”. Y el hada tenía una mirada macabra. -¿Y qué le dará la mamá al hada, a cambio? -¿Tiene que darle algo? -¡Claro!, en un trato siempre se pide algo a cambio. -Mmmm, ¿un sandwich? -Oh, eso es muy poco, las hadas macabras piden a cambio cosas más valiosas. -Entonces… su alma. -Ay, no, mejor que sí le dé el sandwich. -Bueno, entonces la mamá le ofreció al hada macabra un sandwich a cambio de que le curara los ojos. Y el hada dijo que no aceptaría. -Oh, no, mami, tiene que convencerla, dile a la mamá de ese cuento que le diga al hada: “pues es un sandwich o nada, si no lo quieres no hay trato”. -Muy bien, la mamá le dijo al hada macabra: Un sandwich o nada, si no, no hago ningún trato”, y el hada aceptó y le devolvió a la madre la vista. -Y entonces la madre se dio cuenta de que ahora no podía dejar de ver, no podía dormir ni cerrar los ojos ni descansar, iba a permanecer despierta por toda la eternidad.


-Ahora es mi turno de contar la historia. Era una noche tormentosa… no, mejor era una noche sin tormenta, y había una niña que le tenía miedo a los payasos. -Oh, cuando yo era niña también les tenía miedo a los payasos. -Ay, mami, pero estos payasos de mi cuento son imaginarios, todo lo que la niña tiene que hacer para que desaparezcan es decirles con mucha fuerza: “tú no eres real y no me puedes hacer nada”.  -Ah, tienes razón, ojalá me hubieran dicho eso cuando yo era niña.      -Eso es muy fácil de saber, tú tienes el control de lo que piensas, y las cosas que te dan miedo, cuando te das cuenta que solo son imaginarias tienes que decirles que se vayan. Y así lo hizo la niña de este cuento, solamente les ordenó a esos payasos imaginarios que se fueran y ellos dejaron de molestarla. -Qué niña tan inteligente.


-Ahora es tu turno, Latika, de contar un cuento de terror.

-Buenas noches, chicos y chicas, voy a contar una historia muy escalofriante de una niña que un día despertó sola en su casa, porque ella tenía unos padres que desaparecían al amanecer. -¿Cómo es que esos padres desaparecían al amanecer?, eso es muy extraño. -Claro, mami, es que esos padres eran fantasmas. -¡Ah!, ahora todo tiene sentido. -Bueno, pero esa vez los padres fantasmas desaparecieron antes del amanecer y aún era de noche cuando la niña despertó y le pareció muy raro no verlos, entonces escuchó un ruido y ella se tapó con la cobija porque le dio miedo y cuando se quitó la cobija, ¿qué creen que vio? -¿Qué vio? -Nada, no había… nada. Pero entonces se levantó al baño para hacer pipi, ja, ja, ja, no es cierto, se levantó a lavarse las manos y cuando se estaba lavando sintió que alguien estaba ahí en el baño, a sus espaldas… y se dio la vuelta y…    -¿Y qué pasó? -Nada, no había nadie. Pero entonces la niña se metió en un armario y cuando estaba dentro escuchó que alguien le hablaba desde afuera, y se asomó y sintió que tocaban su mano y entonces… -¿Qué?, ¿quién era? -Nadie, mami, no había nadie. -¿Y al final sí pasó algo?       -Bueno, pues cuando ya parecía que la niña estaba a salvo volvió a escuchar un ruido y corrió por las escaleras tratando de encontrar de dónde venía y… -¿y? -No había nada. Y fin. Gracias, esperamos que les haya gustado esta macabra historia, ti-ri-ti-ti-ti-ti-ti-ti-ri-ti. ¡Ah!, y la moraleja de este cuento es: padres, cuiden a sus hijas.

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