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martes, septiembre 22, 2020

DEL CORAZÓN, EN DOS TIEMPOS

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1

Cuando yo era niña mi hermana vivía en otro mundo. En el mío no había cines ni librerías, pero mi hermana llegaba cada verano a la casa con su cargamento de dragones, piedras mágicas y palabras olorosas a membrillo. En sus ojos podía ver proyectadas, como en una pantalla, las películas de moda, y era su boca un libro viviente. Me traducía el lenguaje de los gnomos y de vez en cuando inventaba palabras nuevas. Pues en el mundo donde ella vivía las palabras crecían por las orillas de la calle o bajaban desde las nubes con un paracaídas transparente. Sus manos las atrapaban al vuelo para traérmelas en frasquitos de colores.

Mi hermana, igual que ahora, tenía el pelo corto y rizado; el mío era largo como un aguacero. Se sabía todos los cuentos que han existido desde el inicio de la humanidad, seguro que sí, y cuando ya me los había acabado de contar tomaba un pedacito de aquí y otro pedacito de allá y, así, retazo a retazo, formaba un cuento nuevo.

La mejor época del año era esa, cuando mi hermana estaba conmigo; las paletas de fresa que me compraba en la subida hacia el molino de nixtamal son las más ricas que he probado en mi vida, ¡qué importaban mis alergias y los regaños de mamá! Las noches en las que metíamos a escondidas a los gatos a la recámara fueron las más cálidas de mi infancia. Aunque debo decir que más valía dormirme temprano porque mi hermana tenía el raro don de convertirse en el animal que ella quisiera, en las madrugadas, y si bien me emocionaba la idea de ver la transmutación bajo las sábanas, cierto temor a lo sobrenatural me orillaba, mejor, a hacerle caso y cerrar los ojos.

Cuando ella preparaba las maletas para volver a su mundo yo me encerraba a llorar en mi cuarto, un buen rato, luego, el resto del tiempo le escribía cartas, muchas cartas, le dibujaba a mis gatos y le contaba lo que haríamos en Navidad o el próximo verano, cuando nuestros mundos volvieran a encontrarse.

2

Yo era la niña que odiaba a las princesas Disney, luego crecí y me volví la chica que odiaba el Halloween porque “enamorada del Xantolo”; también fui el Grinch que detestaba la Navidad y como a mí hijo mayor siempre le pareció “ilógica” la idea de Santa Claus, no le gustaban las animaciones infantiles y las tradiciones le daban igual, los dos felices… Hasta que llegaron mis hijas a romper todos mis esquemas. Sin ninguna inducción de mi parte, ellas se hicieron fans de Disney, vieron la Navidad con ilusión y adoraron la noche de Brujas. Ahí me tienen ahora dibujando estrellas navideñas, cantando canciones de princesas, haciendo máscaras de calabaza. “Mami, por qué no te gustaba la Navidad”, me preguntó Morgana. “De niña en realidad era una de mis épocas favoritas, me gustaba hacer regalos para todos, les escribía tarjetas, fabricaba recipientes de cartón y los rellenaba con malvaviscos… Un día, casi al final de mi infancia, de pronto me sentí absurda, no sabía qué era, pero algo me faltaba que antes estaba ahí. Como si se me hubiera caído algo del cuerpo y toda esa ilusión por regalar se hubiera ido”. “Qué triste, mami, ¿y el Halloween por qué no te gustaba?”. “Porque en el lugar donde crecí se celebraba el Día de Muertos, con flores y tamales, la abuela Cheba hacía chocolate, y yo llamaba a los difuntos con pétalos de cempoalxóchitl, una flor amarilla muy olorosa. Sentía que celebrar de otra manera esa fecha era como traicionar mi origen”. “Ja, ja, pero ¿qué tiene?  te pueden gustar las dos cosas, a mí me gustan las brujas y también me gusta lo que me cuentas. Y las princesas, ¿ya te gustan?”. “Sí, me gustan estas princesas actuales que son fuertes e independientes, las que recuerdo de mi niñez me parecían muy cursis”. “Ja, ja, sí, mami, quién se comería una manzana que le da una desconocida o quién se casaría con un príncipe al que acaba de conocer en una fiesta”.  “Pero ¿sabes cuál es la principal razón de que ahora pueda festejar lo mismo que a ti te gusta?”. “¿Cuál?”. “Que aquello que se me cayó del cuerpo cuando aún era una niña, tú lo has vuelto a poner en su lugar”.

 

ediciones Morgana.wixsite.com/marisol

mujer espejo.blogspot.com

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