MIENTRAS MIRO LLOVER… Y OTROS DESVELOS

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Mientras miro llover

vibra el recuerdo

de otras aguas transparentes

que pasaron, mojándome los pies,

regando el alma,

desnudando a su paso, tenue,

mi calle de niño,

dibujando en el aire de mi cuadra,

pálidos sueños infantiles

que morían después

bajo mis pies descalzos

y volvían a nacer

en las veredas hechas por mis pasos.

Sueños y pasos

apresurados por vivir,

víctimas de la vida,

de su andar sin tregua,

de la voracidad de los días de pobreza,

de la banalidad de otros días de miseria.

3

Mientras miro llover,

no hay reglas ni distancia,

no hay poema, ni testigos

de esta interna humedad,

de lo que duele,

sin poder compartir esta agonía,

esta inmensidad

desnudada gota a gota,

segundo a segundo descubierta.

Noche interminable,

no hay tiempo,

no hay mañana.

La lluvia que flota

y brilla a contraluz

ha secado mis ojos,

me ha desnudado el pecho,

y tengo frío,

me ha desnudado el alma,

y tengo miedo.

5

La música que llega a mis oídos,

milenaria congoja,

no es la misma que ayer,

no es la misma que golpeaba mis tímpanos

lenta, dura,

lacerando, en su constante golpear,

al cartón negro

que cubría mis sueños nuevos,

sin mácula, sin estrenar.

No es la misma que ahora

danza en mis cristales

acariciando con sus notas

mis viejos sueños rotos,

pisoteados, sangrantes,

angustiados por el paso de las horas.

Gemido apenas,

apenas grito

en el arpegio de la noche,

y en los cristales de mis ojos, llanto,

agua de otras edades,

congoja milenaria,

música y piel.

17

Lloran mis calles

el agua lame sus heridas.

Llora mi ciudad

ríos de plomo candente

que convierten cada hogar

en refugio temporal contra sus miedos.

Más allá de la montaña

un pequeño juega al soldadito

bajo la lluvia, sordo, ciego,

le preocupa el visitante

que dejará el metal para sus arcas.

Cada calle desierta

es un grito inaudible

contra el dolor y la sangre,

cada silencio, de cada calle,

de cada llanto,

es una gota de agua

sobre la conciencia del poderoso.

 

Mientras miro llover,

más allá de la lluvia,

Felipillo goza jugando al soldadito.

Mientras miro llover

más bajo que la lluvia,

y más allá del llanto de sus calles,

mi pueblo llora.

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