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Por José Manuel Izaguirre

¡¡MAR!!

(Eme, a, ere. Mar)

MI tío Lalo y yo conocimos el mar cuando teníamos diez años, cuando mucho. Mis tíos “Negro” y “Batan” y jugaban con el equipo Deportivo Limón, que participaba en la Liga de Fut-Bol Regional de las Huastecas y cuando había oportunidad y cupo en los vehículos que utilizaban para transportarse a los diferente lugares donde jugaban nos llevaban con ellos.

A veces se transportaban en camioneta Pick Up, a veces en camiones cañeros y muy pocas veces en autobús, pues ya saben ustedes, en el Limón había pocos recursos económicos para el deporte. Solo tres o cuatro personas altruistas costeaban el equipo, a saber, Don Arturo Woo, Don Luis Marroquín, Don Augusto Verástegui y su hermano Don Héctor, los hermanos Quiroga y también Don Juan Luis Díaz. Del ejido Limón apoyaban Don Juan Morales y el Sr. García, papa de “Valdo”. Hubo auge de Fut en esa época, desde la cual empecé a jugar para dejar de hacerlo a los 65 años, o sea que jugué fut junto con mis tíos, amigos, cuñados sobrinos e hijos (tuve el privilegio de jugar en torneos oficiales con mis hijos) poco más de 55 años. Pero me salí del tema.

Esa vez que conocimos el mar íbamos en un camión cañero, de esos que traen un copete encima de la cabina. Lo habían limpiado un poco, pero de todas maneras nos llenábamos de ceniza de las cañas quemadas. No importaba, nadie se quejaba. Habíamos venido a Cd. Madero. El equipo del Limón sacó un gallardo triunfo ante las reservas del equipo de primera división del Madero y estábamos felices. De premio nos llevaron, al regreso, a la playa de Altamira. Lalo y yo parados al frente del copete del camión, dejábamos que el aire golpeara nuestros rostros. Gozábamos de la brisa marina que nunca habíamos sentido. De repente, llegando a la cúspide de una marisma se abrió ante nosotros el maravilloso espectáculo de un mar que nunca habíamos visto y que hacía rebotar sus olas en las blancas arenas de la playa. Fue cuando mi tío Lalo acuñó la frase con la que inicio este cuento: ¡¡MAR, eme, a, ere, MAR!!.

Ayer fui a la playa, aquí en Tampico. Y recordé este pasaje de cuando niño. Fui con mi esposa y mi nieto Emiliano que nos acompaña por esta semana antes de irse de vacaciones con su mamá. Hacía mucho tiempo que no me metía al agua, solo llevaba a mis nietas y mi esposa cuando me lo pedían, pero prefería no entrar. Pero ayer, Emiliano hizo que lo acompañara su mama Lupita por espacio de media hora. Jugaron como lo que son, dos niños. Pero Lupita se cansó y tuve que entrar (por instrucciones de ambos) al quite. Por media hora me dejé acariciar por amorosas olas en compañía de mi nieto. Que increíble ejercicio es nadar. Con media hora quedé lo mismo exhausto que extasiado. Ejercicio, diversión y compañía. Una gloria que disfruté y gratis.

Lo mejor de la vida es gratis. La naturaleza, las mujeres y los niños. A canijo me excedí. No importa.

Un abrazo para mis amigos de FACE y ECO.

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