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¡¡EL PAN DE CADA DIA!! (Es glorioso cuando lo consigues con “uñas y dientes”)

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Préstame el celular hijo, le tomaré una foto al “vendedor de paletas”. Fue la instrucción rápida que le di a Emiliano, mi nieto. No papa, el señor no te ha dado permiso y no se debe tomarle foto, me contestó con autoridad. Me aturrulle, pero me apuré a rogar; es que escribiré sobre el esfuerzo que hace para empujar el carrito procurando vender sus paletas. Entendió y rápido me entregó el celular. Paré la marcha (íbamos en el carro) y tomé la foto.

Un poco antes de este episodio, por la mañana (ahora serían como la una treinta de la tarde) me comprometí con Emiliano a llevarlo a una fiesta de uno de sus compañeros de la escuela. El festejo se realizaría en el Nacimiento del Río Mante, en un rancho que está casi al llegar al lugar dónde nacen las “milagrosas” aguas de nuestro querido Río.

De ida, a medio tramo entre la Aguja y la Difusora (los que son del Mante conocen muy bien estos lugares) dimos alcance a un “caballero” vendedor de paletas que impulsaba a pleno sol su carrito refrigerador. Sol canicular, piedras, tierra volando impulsada por los vehículos al pasar, su cara y su camisa empapadas de sudor. Se había hecho un nudo con su camisa en la cintura y media espalda le quedaba descubierta. Servía para darse cuenta de lo curtido de su piel. Me imagino que es moreno de nacimiento, pero los constantes viajes que realiza por su trabajo soportando el ataque del inclemente astro Rey, han dado un color muy oscuro a su cuerpo.

Lo pasamos, fuimos hasta el lugar de la fiesta, a Emiliano no le gustó el ambiente y pidió que nos regresáramos. Obedecí (porque eso hago con este cabrón) y tomamos el camino de regreso a Mante. Mínimo son 10 kilómetros de terracería. Nos topamos con nuestro vendedor de paletas. Ya había avanzado la mitad del tramo. Me bajé del carro, le pedí dos paletas, no pregunté cuanto costaban, le di un billete no se de cuanto, cualquier cantidad se me hacía poca y me dijo; “no traigo feria joven”. No importa así está bien, le dije. Nos quedamos viendo uno al otro. Su cara digna para una pintura de Picasso. Tostada, agrietada, me pareció que era como un ángel por su serenidad. Alargue mi mano y nos saludamos, apreté, apretó, había recibido el mensaje que sin hablar le transmití.

¡¡Mi admiración y respeto para estos gallardos individuos que no se rinden ante nada. Que no piden nada. Que se ganan la vida a sangre y a sudor. No digo lágrimas porque estoy seguro que no lloran, no se quejan y sin emitir palabras instalan en el firmamento un ejemplo de pundonor y de heroísmo peleando como gladiadores por ese pan que les pertenece!!

En eso cruza una camioneta rumbo a la Aguja, el ángel que iba manejando se para, se baja y le dice; ¿Quieres un aventón? Y entre los dos suben el carro a la camioneta y salen echando polvo hacia el lugar donde ojalá haya vendido toda su carga.

¿La edad? No se, muchos años, todos, bien peleados.

Un abrazo para todos mis amigos de FACE y ECO

PD Emiliano solo dijo; Me gustó. Te quiero papa.

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