Por José Manuel Izaguirre

¡SINFONIA DOMINICAL!!
(Un concierto para callejeros)

Muchas veces lo he oído, había visto sus intérpretes, pero “no había escuchado y mucho menos observado” tan grandioso espectáculo. Hoy, en el OTOÑO de mis otoños lo hice.

Salí de mi casa en busca de un “glorioso café”. Siete de la mañana. El “frescor” (hay muchos que así dicen) me agarró por la nariz y empecé a caminar. Me contagió lo fresco y mi cerebro se abrió en espera de algo especial.

Llegué al Bulevar inmerso y subyugado por un sonido que siempre había percibido como “molesto”. RUIDO ENSORDECEDOR era el calificativo que le endilgué. Pero hoy, siendo el mismo, era otro sonido. Acompasado. Entre agudos y graves conformaban una melodía que me pareció una mezcla de Vivaldi y Sanz que iba de la suavidad al éxtasis casi imperceptiblemente.

Me acordé de mis melodías y autores favoritos entre ellos Sabina, pues los intérpretes de la ODA en cuestión, eran una “parvada” de cientos, que digo cientos, miles de aves de las que aquí han sido despreciadas casi todo el tiempo. Las hemos bautizado con varios nombres: TORDOS, CUERVOS, PIJUYES (este término lo usaba mi suegra Doña Ángela para referirse a algún pretendiente de sus hijas o vecinas, ¡¡Es un pijuyiyo!!, decía) todos ellos mencionados con un dejo de molestia, tal vez por los VENCEJOS, como les nombra Sabina en una de sus canciones, les encanta coleccionar estatuas ecuestres, lo que quiere decir que se hacen “popo” (zurrarse pues) en lo que se les pone enfrente.

Me detuve en la esquina frente a mi (si mi) embotelladora y por alrededor de cinco minutos gocé del sonido y del panorama. ¡¡Vencejos bailando a buen ritmo y entonando como las mejores orquestas y grupos de ballet!!.

Desperté, me había sentido arrullado, di gracias a Dios por sus bendiciones y fui por el café que me había prometido.

Un abrazo para mis amigos de FACE y ECO

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