Por José Manuel Izaguirre

¡¡TORTILLAS DE MAIZ!!
(Hechas a mano, como las hacía mi mamá)

“El ser humano tiene que buscar la excelencia en todo lo que hace y la tiene que buscar siempre. Esto, hoy, es más vigente que nunca, pues la situación de competencia entre los seres humanos se vuelve cada vez más fuerte”.
“Enrique Canales”

En uno de mis paseos (ahora todo lo veo como un paseo y aprovecho cualquier salida para observar a fondo lo que hace la gente) obligados, pues mi esposa me envía a comprar cosas para la despensa o alimentos preparados (cuando no le da la gana ponerse a cocinar), pude observar un hecho que a pesar de haberlo visto desde pequeño, nunca le puse la debida atención. Me refiero a la elaboración de TORTILLAS DE MAIZ A MANO, es decir no en máquina de tortillería, sino a mano, con ayuda de una tortilladora de madera.

Estuve en Victoria hace unos días y (como me encanta) fui a comprar pollo asado en “EL POLLO FELIZ”. Por cierto, en el Mante hay una franquicia de este negocio y también he visto en Tampico, pero, solo nos gusta el de Mante y de Victoria. Me tocó uno de esos días que hay promoción y había una fila bastante grande. De todas formas me formé y ello me tomó entre 15 o 20 minutos para llegar hasta la caja y hacer el pedido correspondiente. La espera me dio la oportunidad de observar detenidamente a dos empleadas que elaboraban tortillas. Lo hacían con la misma técnica que mi madre cuando yo era pequeño.

Una de ella hacía las tortillas y no le quedaban redonditas, todas tenían formas diferentes. De todas maneras las ponía en el comal, se cocían y al sacarlas del mismo las enviaba a la canasta de almacenamiento. Unas presentaban manchas, lo cual me indicaba que no estaban cocidas en forma uniforme. Mi mamá Adela diría, le salían “MESTIZAS”. La colocación de las tortillas en el comal era desordenada, una aquí, otra allá, etc., el panorama que presentaba el comal no era agradable a la vista. No se antojaban.

En cambio la otra empleada, hacía con cuidado (y rapidez) la bola de masa, al aplanarlas en su aparato (tortillera) le quedaban redonditas, casi todas de la misma medida. La colocación en el comal era perfecta, de tres en tres. Su cocimiento era parejo, no le quedaban partes de diferente color. Por supuesto que todas se inflaban en señal de una cocción uniforme. El panorama que generaba esta tarea era llamativo, daba gusto observar la tarea de esta trabajadora. Como para aplicarle la frase del Chato Dueñez de “No se infle delante de mi” y la levantaba para devorarla.

Siendo testigo de esta bella e impresionante operación, no me quedó más remedio que decirle; “Señorita, permítame felicitarla. La forma de hacer, acomodar y cocer las tortillas debe ser calificada de EXCELENTE, Muchas gracias, me contestó”. Obvio es que se antojaba arrebatar del comal la tortilla más cercana, embarrarla de la salsa martajada que allí preparan (que para hacer menos tediosa la espera ponen en un molcajete al lado de una canasta de totopos y de la cual se puede degustar) y engullir un sabroso taco.

¿Qué creen? Tímido, como soy, me animé a pedirle a la señorita que me vendiera una tortilla de las que en ese momento se inflaban delante de mí y aceptó. Me entregó la tortilla en una servilleta, ni tardo ni perezoso procedí a untarla de la rica salsa que les platiqué y di cuenta de ella en “menos que canta un gallo”.”. Ummmm una exquisitez que mi paladar registró inmediatamente. Aún tengo el rico sabor en mi boca.

¡¡EXCELENCIA ES EXCELENCIA!!

Un abrazo para todos mis amigos de FACE y ECO

 

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