Por José Manuel Izaguire

 

¡¡LA ZAFRA!!
(Temporada del año que inyecta vida al Mante)

En mi querido Mante hay gente que divide el año en dos temporadas: ¡¡Zafra y sufra!!. Seis meses para cada una. En algunos “buenos” años la zafra comienza a principios o mediados de noviembre y termina por allá de mediados de junio, con lo cual la economía de la región se revitaliza. La parte restante del año es utilizada para reparar la maquinaria del ingenio azucarero y tenerlo en las mejores condiciones de operación para la siguiente temporada zafrística.

No se necesita ningún aviso oficial para que te des cuenta del inicio de la zafra: la ceniza “cañera” inunda las calles de los poblados, tal cual fuese mana que cae del cielo. Ni más, ni menos. Como por arte de magia, la actividad económica se incrementa. ¡La zafra se ha iniciado!.

Soy del Limón, ya saben. Mi pueblo está rodeado de cañas. De tal suerte que conozco el proceso del cultivo de la caña de azúcar. En muy pocas ocasiones y a lo mejor por imitación, tratando de acompañar a algunos amigos vecinos, que si lo hacía por necesidad, fui a los campos a sembrar caña. Algo muy sencillo que al ser a pleno sol, es tremendamente agotador. Nunca volví.

Mi relación con la zafra y con el “Gigante de Acero” fue muy cercana. Mi papá era socio obrero de la Cooperativa Ingenio Mante, de eso vivíamos y cuando me vi en problemas de no tener trabajo, gracias a sus gestiones, consiguió que me ocuparan como empleado de oficinas. Pero desde pequeño conocí el interior de la factoría. Recuerdo los tarros de “guarapo” (jugo de caña) helado que mi papá me preparaba cuando me llevaba de visita a su departamento de clarificación. Esas visitas me gustaban mucho.

En uno de los años que fui empleado del ingenio, recuerdo que se rompió uno de los records más buscados en la molienda de caña y producción de azúcar: moler más de un millón de toneladas de caña y lograr más de cien mil toneladas de azúcar con uno de los índices de calidad más altos en la República Mexicana. Hasta la fecha, no es fácil tener estos logros. Fue un año de excelencia, operado por excelentes cañeros tanto en la fábrica como en el campo. A lo mejor no me acuerdo de todos pero algunos fueron: Ingenieros Vicente y José Chi Ríos, Núñez, Rangel, Martínez Ponce, Pecas Morales, Enrique Rivas, Pagua Rodríguez, Pomares, Fuentes, y muchos más. En oficinas: Heriberto Guerrero, Sr. Alanís, Chito Contreras, Sr. Rueda. Recuerdo a mis amigos: Berna Velázquez, Toño Delgado, Toño Castillo, Arturo Popoca, Oscar Popoca, Chencho Zarazúa, Jorge Landeros, los Ambriz, Don Horacio Avilés, Don Andrés de la Garza, Humberto Maldonado, Gonzalo Maldonado, Ramón Rodríguez, Chito Morales, Pepe Turrubiates, Pedro Urbano Perez Solorzano y muchos más.

En fin, me acordé porque la semana pasada al llegar a nuestra casa en Mante, vimos el patio lleno de briznas negras de ceniza de caña: ¡¡Maná, maná!!. Dios llegó al Mante, dije. Lupita y yo nos alegramos como cada año lo hacen las gentes de la región aledaña a nuestro pueblo.

Un abrazo para todos mis amigos de FACE y ECO.

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