NADA SERÁ EN VANO

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EL PASADO VIERNES 7 DE DICIEMBRE DE 2018 SE LLEVÓ A CABO EN LA BIBLIOTECA MUNICIPAL “PRAXEDIS BALBOA GÓJON” DE CIUDAD MANTE TAMAULIPAS LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO “MIENTRAS MIRO LLOVER… Y OTROS DESVELOS” DE MIGUEL ÁNGEL VILLALOBOS GÓMEZ CUYA PRESENTACIÓN ESTUVO A CARGO DE NUESTRO MIEMBRO FUNDADOR DE ESTE GRUPO LITERARIO CARLOS ACOSTA. “COLECTIVO3” DEDICA LA EDICIÓN DE HOY A ESTE FESTEJO HISTÓRICO. MUCHAS FELICIDADES

 

PRÓLOGO

 

Miguel Ángel:

Mientras miro llover, pasa tu sombra por la banqueta. Tu sombra, jirón de penumbra. La lluvia quiere borrarla, pero a fuerza del juego inmemorial de claros y oscuros, sigue viva. Se mueve presurosa. Como si buscara algo. Como si huyera de alguien. A veces el aire la deforma, la adelgaza, la hace pequeña, la alarga de manera desmedida. Es tu sombra lo sé, porque va triste, y si me dejara convencer por lo simple de lo cursi, diría que tu tristeza se diluye en el agua, que luego de  golpear y golpear en tu figura, huye por entre las sombras lamiendo el pavimento.

Ver llover desde ventana adentro, trae una mansedumbre parecida a la melancolía. Una dulzura apacible que enjuaga la garganta y los ojos. Nos convoca, nos lleva de la mano, por los días grises y amarillos y rojos de una niñez que vivimos hace apenas unos siglos. Un tiempo, que ahora, con lo incesante de la lluvia, nos trae recados del cielo; de una calle desolada, con remolinos de polvo por un viento enloquecido, de mejillas rubicundas, de llovizna pertinaz entre los días de febrero.

En cambio, ver llover bajo la lluvia misma, empapado del cabello a los pies, de soledad y abandono, es saberse gota de agua, perdido en la inmensidad que nos deshace y abruma. Gotas frías que después de enredarse en los cabellos, se resbalan por la cara, los hombros, la piel, los huesos, hasta humedecer el alma. Entonces, uno es un pájaro con el plumaje empapado, cantando desde la rama quebradiza del árbol de la añoranza. Y el corazón tiritando. Y la noche que no pasa.

Mientras miro llover, escribes, cantas: agotadas las horas/ de pasar y pasar sobre el insomnio/…mientras miro llover se agota el tiempo/…la vida estalla/ mientras miro llover duerme el silencio.

Llueve como nunca, y como siempre, pasa tu sombra, que busca un silencio sagaz, fugitivo. Un silencio en que pudieran enlazarse las palabras con el fragor de la sangre, las letras con la nostalgia, el horizonte y el sueño. Silencio como hoja en blanco para olvidar, a borrones, los garabatos de tinta que nos fluyen por los dedos. Y gritar que estamos vivos, que somos los inseguros, los nómadas, los perdidos. Aquellos que en los bolsillos llevan algo más que llanto, algo más que la moneda, ya caduca, del olvido.

Mientras miro llover, se va tu sombra, sigue en busca del silencio. Silencio por qué, dice la lluvia; para qué, tercia la noche. Nadie conoce del caos, de la vida, la alegría, que puede llevar un hombre en ese interior incierto, que ni siquiera él entiende. Y yo, que soy casi nadie, pero que a ley soy tu amigo, que conozco, aunque sea un poco, de lo mucho de tus sueños, digo que buscas silencio para pedirle, robarle, o rebosarle de versos.

Miro tu sombra en la lluvia, Miguel Ángel, y sé que divaga sola en la penumbra infinita. Sombra aterida, anhelante, en un indagar eterno. Sombra que no es, sino tú, en busca de tu poema.

Carlos Acosta

Otoño 2017

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