POEMAS DEL DIARIO FALLIDO EL DIARIO FALLIDO

Poemas Del Di

La calle es perro triste

que ronda en la penumbra de la noche

husmea mis pies que se han quedado quietos

anda sobre las hojas desgastadas

 

mi voz apenas es barullo

en el sonido extraño que impregna la mañana

 

Y en el vacío del mundo

sin casi nada por decir

se esconde entre los autos la palabra

 

Dónde estará la poesía

dormida en esta hora

taciturna y cansada

Qué triste perro flaco de orejas aturdidas

habrá de despertarla

 

1

Quién dice que mi cuidad es insegura

 

he pasado días y noches caminando sus calles

y no se ha visto en peligro mi vida

cierto en torno y transeúntes

con la orgía de sangre pintada en el rostro

 

De no ser por eso diría

que este es el pueblo más tranquilo del orbe

y que el único riesgo existe dentro de uno

 

Porque cual peligro mayor hay

que caminar expuesto al estallido del silencio

 

No hay proyectil mortífero

sino el de la tristeza de tener voz

y guardarse las palabras

 

2

Encontré tirado un cuerpo

en medio de la calle

y como en un cuento de los de Edgar

los cuervos le habían sacado los ojos

tenía el rostro impasible

como si meditara

y en la mano una flor salpicada de invierno

 

No quisiera saber

qué le habrá sucedido

 

Da igual si la vida le hizo una jugada

o si en un laberinto

sin principio y salida

se encontró con las balas

 

3

Domeneq de la parra

es un hombre común

que migra diariamente

entre el ser y no ser

hurga en algún reducto

perdido entre la gente

y añora pulcritudes sociales

del ayer

 

Domeneq de la Parra

fue a buscar un tranvía

para viajar al mundo

de alegría y de solaz

pero en vez de alegría

encontró un territorio

donde impera el bullicio

de guerra y desazón.

 

Domeneq de la Parra

viendo que se moría

atravesó en silencio

hasta el último vagón

y ahí desde el estribo

contempla todavía

que el paisaje inmutable

se queda en el confín

 

4

Escribo este romance

sin un final feliz

 

El viento se conforma

con mover las estrellas

y a lo lejos aquellas

hacen guiños coquetos

a quien osa escribir

 

Quién tuviera el silencio

domado en una jaula

quién pudiera amasarlo

con la luz de la luna

ponerlo de carnada

en la arista del habla

 

Y atrapar las estrellas

en un final feliz

 

 

Suerte que es otoño

 

Es inconfundible el olor del otoño,

dan ganas de subir en las peñas de la tarde

y levantar la nariz rodo cuando sea posible

para aspirar el aire del ambiente,

cuanta maravilla encuentro en todo esto,

nada mejor que el influjo de estas horas

impregnadas de resina,

de este silencio disfrazado,

de esta calma opaca.

 

Daría lo que no tengo,

qué cómodo,

por ser estatua,

porque me caiga polvo en os ojos y no llorar,

que la lluvia me bañe después de cada sequía

y que el viento resane la cuarteadura de los días difíciles;

qué ganas de quedarme callado

y convertirme en testigo protegido,

nadie sabrá que lo he visto todo

y que, sin proponérmelo

o sin querer,

he sido cómplice de esa barbarie incesante,

de la rudeza de esta ingobernable mezquindad

que violenta las estaciones

y pudre en nuestros labios

la palabra.

 

2

Qué suerte de sentir el auge del otoño,

así puedo pensar lo que me venga en gana

sin el menor asomo de remordimiento

delato en la mirada,

y sin tener que citar un banal pretexto

si me ven una lágrima,

si sufro hasta el linde con la locura

o si digo una mala palabra.

 

Si cualquier cosa me provoca risa

o si ponen en entredicho la solidez de mi alma,

nada importa, es otoño,

y la ostra se endurece con el frescor de este viento,

por eso digo que debería ser estatua,

y fingir que me entero de nada,

que el caos cotidiano en un intruso familiar

en la inmadurez de la semana.

 

3

Qué ganas de sembrar una semilla

en la tierra prometida del otoño,

único sitio virgen

y fértil para tener nostalgia,

qué ganas de germinar en estos días

la continua insensatez de la parábola,

y decir

sin pretexto

el hartazgo de saber lo que aquí pasa,

y fingir paralelo mi anhelo al de Sicilia

y seguir esa utopía

ese abismo insalvable

de paz y cese de metralla,

qué ganas de decirle a nuestros días;

el insulto del hampa es una verdad

que duele,

en este árbol enfermo hasta la savia

que es la patria.

 

4

Pero, suerte que es otoño

y tengo ganas de decir estas palabras,

aunque se pudra en mis labios

día tras día la mordedura fatal y segura de la infamia,

de saber que no basta con decir

que estoy harto de mirar

y no hacer nada;

por ahora aquí me encuentro:

en medio de este aire otoñal

en el que intento esparcir,

cual si fuera un antídoto,

la sustancia que alivia, la que canta:

los acordes de un himno

sublime y fantasioso de esperanza

 

 

Los he visto

bajo la tarde agonizante

cuando nubes que pintan cuadros abstractos

desmadejan el hilo de las horas

 

Los he visto en las sombras

cuando la penumbra del silencio invade las calles

ellos van furtivos

caminan por encima de la hojarasca

flotan sobre los adoquines

y el sarro de aceras abandonadas

 

Hablan en un idioma extraño

en el que sospecho no existen ciertas palabras

 

pude ver que sus disparos carecían del estruendo

y que sus balas hacían brotar flores rojas

 

los pude ver por completo

 

en cuestión de minutos

plantaron un gran jardín

de cárdenos matices

 

El noctámbulo

abre sus fauces

bosteza la oscura salinidad

arrostra un deseo suicida

 

salta la cerca sigiloso

no sea que los grillos

interrumpan el cortejo

 

cae sobre la calle con su palabra pegajosa

y un manojo de silencio

invade la bruma perimetral

 

Los mira venir en el refugio de las horas

como quien ve un vacío

 

como quien mira sin ver un punto que se

agranda

y le hiere la garganta
Ellos van con el silencio doliéndoles

y un filo agudo en la mirada

 

Zumban sus cabellos

la penumbra

las arenillas de la calle

el aire los ecos todo

 

el raro paisaje desvalido

el puto silencio

el tren de lo desconocido

las balas del enemigo todo

 

De cualquier manera

esto no tenía remedio se dice

y una piedra  da fe de la ausente poesía

 

Quisiera decir ahora

que esta mañana

mientras abría lento los parpados

un relámpago de paz invadía las calles

que fue mentira la visión que tuve

que la noche fue un sueño

 

pero  alejé la venda de mis ojos

el relámpago era sólo una torreta

que como un faro

alertaba embarcaciones en naufragio

y la escollera  cuerpos amorfos

apenas trozos de lo que fueron

Del Diario.


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