Sé muy bien que no fumas. Entonces… ¿Porqué llevas ese cigarrillo apagado en tus labios?

Lo hago para burlarme de la muerte, sé que si lo enciendo, con el paso del tiempo, ella vendrá por mi.

Su respuesta me pareció llena de ingenio y gracia.

Hasta el día de hoy.

Me enteré que al salir de la tienda de la esquina, a la que fue sólo a comprar un cigarrillo, un coche no respetó la señal de alto, y lo mató.

Se marcha a un lugar lejano.

Busca sepultar en kilómetros el pasado.

Se equivoca. Avanza hacia un futuro incierto, sin saber que día a día, el ayer se presentará taladrando su mente, inyectando insomnio a sus noches. No existen kilómetros suficientes que entierren lo que vive en el corazón.

Él no sabe que hace ahí, acostado en ese lugar oscuro.

Es viernes por la noche, tendría que ser una noche de fiesta, seguramente su novia está más que molesta por haberla dejado plantada.

Quiere moverse, pero no puede.

En medio de la oscuridad escucha las voces de sus amigos, ríen, hablan sobre las locuras que han hecho juntos. Las voces se apagan poco a poco, terminan por marcharse.

De pronto lo recuerda todo; luces que se acercan a gran velocidad, él volando por los aires, la sirena de una ambulancia, la oscuridad que ahora lo abraza. Oscuridad que lo abrazará por la eternidad.

Es el día de su boda. La habitación está llena con flores de todos colores.

Él, viste un impecable traje negro.

Se acerca a ella.

Luce radiante con su vestido blanco, llega a pensar que si los ángeles existen, tienen que parecerse a ella.

Entre sus manos descansa el ramo de rosas blancas que escogieron entre ambos.

Los labios que tantas veces le prometieron amor eterno, están cerrados.

Sus ojos, él quiere verse reflejado en sus ojos, abrazarla y decirle que la amará toda la vida.

No puede.

Un mar de lágrimas se desborda, para ser contenido por el frío cristal que lo separa de su amada.

Siente un dolor en el pecho.

Un dolor que lo acompañará toda la vida. Toda una vida sin ella.

Ella llega a casa después de un largo día de trabajo. Se sienta en su sillón favorito mientras escucha el canto de un ave. <<No merece vivir así, el estar dentro de esa jaula es una crueldad>>, piensa mientras ve al ave saltar de un lado a otro dentro de la jaula. Al poco tiempo inicia un breve viaje, su mascota viaja en el asiento trasero del vehículo. Llega a un bosque cercano. Abre la puerta de la jaula. El ave vuela a lo alto de los árboles. Ella regresa a casa con su alma satisfecha. Lejos está de imaginar que su preciada ave, al verla marchar, había muerto de tristeza.

Él, enamorado de la noche. Camina bajo la luz amarilla de los faroles.

Son las tres la madrugada,  obedece una necesidad que nació de pronto.

Llega a la plaza de la ciudad.

Un aroma a rosas invade el ambiente.

Ve a una chica sentada en una banca. Tímidamente se acerca a ella, después de hacerla sonreír pide permiso de sentarse a su lado.

Hablan de mil cosas. Agradece al destino lo ha llevado a esa hora de la madrugada para encontrar la mujer de su vida.

Él le roba un beso.

Ella le regala una rosa.

Esa misma rosa con la que es encontrado su cuerpo sin vida en esa vieja banca.

Una sonrisa se dibuja en sus labios.

Él quería darle su vida a ella, y ella la tomó.

Tiene diez años, camina por las calles de la ciudad con una pequeña caja de madera en sus manos. Estudia la escuela primaria en las mañanas, y por las tardes en ese pequeño cajón vende a los transeúntes lo que su imaginación infantil le dicta. ¿Vendes cigarros? Le pregunta alguien de pronto. ¡Claro que no! Apenas soy un niño, nunca vendería algo que mata. Me urge comprar uno cigarrillo. Exclama el hombre al momento de alejarse del pequeño comerciante. A los pocos minutos ve pasar al mismo hombre, lleva un cigarro en sus labios, pero, ¿está apagado? No hay duda, bien dice su madre… Este mundo es raro.

¡Extra! ¡Extra! ¡Comunidad científica confirma que la inteligencia humana no tiene límites!. Tan fabulosa noticia se anuncia con júbilo en un diario de circulación nacional. Justo con esa página, un niño Triqui, en la sierra de Oaxaca, seca sus lágrimas tras ver cómo es asesinado el árbol que sembró el padre de su abuelo, el mismo árbol en el cuál él jugaba apenas hace unos dias, el mismo árbol que ahora es triturado para después ser llevado a una fábrica de papel.

 

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