¡¡SONAMBULO!!

JOSÉ MANUEL IZAGUIRRE
(Milagro en Canadá)

Las dos semanas anteriores estuvimos visitando a mi hijo Junior, su esposa y sus hijas. Viven en Outlook, Canadá.

Su casa, como todas las casas allá, tiene un sótano. Este sirve para varios fines, según lo quiera usar el respectivo dueño, pero principalmente es como una protección para tornados.

Mi hijo, además de otros usos, lo ha asignado para recámaras de las niñas. Muy fresco en verano y muy calientito en invierno. Ideal para aquellos lares.

Estuvimos de visita, mi esposa, mi hija Flor, mi nieto Manolo y yo. A Lupita, a Flor y Manolo se les asignó alojamiento en el sótano, a mí en una recámara que tienen en el piso superior. Esa estratégica asignación se me hizo, dada mi edad y obvio, para que no anduviese bajando y subiendo al baño, que está instalado en el mencionado piso superior. Lupita con Ana Paula, Flor con María José y Manolo en una cama individual colocada casi al pie de la escalera.

Del baño a la escalera debe haber una distancia de alrededor de cuatro metros y en caso de necesidad de ir del baño al sótano es necesario pasar por la cocina.

Pues bien, una noche, caí en vuelo libre desde el piso superior hasta el suelo del sótano. Más o menos tres metros de altura. No recuerdo haberme levantado y mucho menos haber cruzado los cuatro metros de cocina, lo cual es forzoso. Solo recuerdo que de repente me sentí como si fuese volando. Quise tomar el barandal, pero no pude. Pegué con varias partes de mi cuerpo en la escalera. De repente sentí un fuerte golpe en el hombro (pegué con la esquina de la cama de Manolo) y la sensación de que iba a golpear con la cara en el piso, entonces alcancé a voltear la cara y pegué con un lado de la cabeza, digamos en la cien.

El estruendo fue muy fuerte. Todos despertaron. Mi hija Flor empezó a gritar: Papi, Papito, ¿Qué te pasó?. ¡¡Mamá, Junior, mi papá se cayó de la escalera!!. Llegaron todos, me imagino que el espectáculo era preocupante, yo estaba tirado en el suelo y oía los gritos, pero no atinaba a levantarme, estaba como noqueado. Quisieron levantarme. Les dije que esperaran un poco para recuperarme y así lo hicieron. No sé cuánto tiempo pasó hasta que dije que me ayudaran a levantarme. Lo hicieron y me ayudaron a subir al piso superior. Me sentaron. Mi hija empezó a auscultarme, ella es médico (y de los buenos). Revisó que pudiera mover brazos, piernas, articulaciones. Revisó clavículas, muñecas, cadera, etc., etc., y detectó que estaba todo bien. Me dolía mucho el hombro y pensamos que habría alguna fractura. Me untaron un analgésico, platicamos un rato y regresamos a dormir. Mi esposa y mis hijos estaban angustiados. Mi esposa casi lloraba.

Al día siguiente tratamos de analizar la causa de mi viaje hasta la entrada del sótano y no pude acordarme, solo recuerdo desde el momento que iba volando hacia el piso del sótano.

Las siguientes noches tuve vigilancia especial.

CONCLUSIONES:

– Soy sonámbulo.
– Tengo huesos de excelente calidad (según Florecita es inexplicable que no haya habido fracturas).
– Soy “Cabeza dura”. De lo cual no hay duda
– Fue un milagro que no me haya muerto en el accidente
– Dios me quiere mucho

Aquí estoy nuevamente y todavía.

 


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