En este mundo hay dos clases de personas, los buenos y los malos, ambos muy parecidos a las carretas de rancho que generalmente son jaladas por una yunta de bueyes y tienen un destino, lo dice la sabiduría popular, y va de boca en boca, o ahora, de mail en mail.

La carreta puede ser cualquier tipo de persona, los bueyes pueden ser sus objetivos o ideales que les mueven, el yugo sus propios temores y destino es hasta dónde quieren llegar, aunque también aquí hay diferencias.

Una clase de personas son como las carretas cuando van vacías, hacen mucho ruido aunque avancen despacio, son escandalosas y sus huellas son superficiales, son jaladas por un par de bueyes que en ocasiones no se entienden entre ellos, les molesta el yugo y aunque tienen un destino  en ocasiones ni lo alcanzan y su rastro con una leve ventisca desaparece.

Otras son como las carretas que van llenas, también tienen una meta y son jaladas por una yunta que han logrado hacer mansa con inteligencia y sabiduría y mientras avanzan lo hacen silenciosamente que en ocasiones ni se percibe su andar pero las huellas que dejan sus rodadas son notorias, profundas y se quedan marcadas para siempre.

La lógica de la vida nos dice que cuando las personas están vacías y carecen de buenas intenciones, de un buen proyecto o respaldo, regularmente hacen mucho ruido para que se note su presencia, para sentirse vivos y engañarse a sí mismos con sus falsos espejismos.

Sus  ideales son como dos bueyes sin rienda que lo mismo avanzan para un lugar que para otro, siempre sueñan con llegar a un exitoso destino pero en su afán  por lograrlo pisoteando dignidades o enlodando conciencias corren el riesgo de  que se rompa la correa y caigan sin poder levantarse y no tendrán una mano que les brinde apoyo.

Lo peor del caso es que como sus huellas son efímeras y ligeras pasaron sin dejar vestigio de su andar, quedan pronto en el olvido y los pocos que les escucharon o en su momento les vieron por salud mental preferirán no recordar o si lo hacen es para maldecir su existencia y castigarles apenas se dé la ocasión.

En cambio, las personas que llevan su vida llena de buenas acciones, un proyecto estable y cuentan con el respaldo suficiente, tienen la conciencia con carga ligera y su caminar es tranquilo, sin hacer ruido innecesario su presencia es notada por sus acciones, sus ideales son como la yunta mansa que les conduce por el camino correcto, se actúa con sensibilidad y respeto  por la vida y todo  lo que les rodea, sus huellas las irán dejando en su andar sin hacer tanto ruido y ni el vendaval más furioso podrá borrarlas por completo y en la mente de muchos perdurarán las acciones o el convencimiento para seguir a esas personas y se lograra el efecto deseado y eso puede marcar la diferencia.

La  gente agradecida siempre les tendrá en su recuerdo, les serán fieles y sin condiciones estarán prestas a respaldarles con el voto de confianza, a brindarles apoyo cuando así lo requieran.

En este contexto podemos clasificar a todos los seres humanos, donde hay buenos y hay malos, pero hoy en día aplica mucho a los políticos, sobre todo a los que afanosamente  buscaran desde ya una candidatura aunque no sepan ni quien les respaldara.

Y aplicara aún más en estos tiempos a  un buen puño de  políticos que juran que en su caminar han dejado huella pero que  se les olvida que su paso ha sido efímero, que el pueblo no les recuerda con agrado porque no dejaron vestigio de acciones de beneficio colectivo.

En fin, veremos y opinaremos, por lo pronto cualquier semejanza de uno que otro personaje de la política con las carretas de rancho vacías con bueyes broncos es mera coincidencia pero el pueblo sabrá como amansarlos o dejarlos que se desboquen.

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