Uno escribe para que no se pierdan en el olvido

los nombres y las cosas, sueños y números, mapas e intenciones(…)

aunque no exista la garantía de ser leído.

Jorge F. Hernández

CARLOS ACOSTA

Un día cinco –como hoy– de agosto –igual que éste mes– de dos mil dos, aquél año palíndromo, apareció en el Rotativo, El Eco del Mante –el mismo en que ahora escribo– el primero número  –justo como el que aquí leemos– de Colectivo3. Desde entonces hasta hoy han sucedido muchas cosas en el mundo, en el país, en la ciudad, en el interior de cada uno de  nosotros. Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos, dice el poeta.

¿A qué lugar invitan las cavilaciones aquí transfiguradas en letras? Es posible que vayan, y nos lleven si es que nosotros nos dejamos guiar, a una noche, en un café céntrico, donde tres amigos –Loida, Antonio y quien esto escribe– entrados en la conversación, sueñan publicar un Suplemento Literario en un periódico local. Si observamos con detenimiento, podríamos descubrir entusiasmo en las miradas, emoción en las opiniones, ansiedad e incertidumbre en los silencios.

Presentan los diseños que han traído como muestra a prueba para lo que podría ser el logotipo de presentación. El nombre ya lo habían consensuado unos días antes. Los amigos miran una y otra vez las diferentes propuestas. Finalmente deciden por uno, que además del nombre, tiene un enunciado que a los tres cautiva: Somos la memoria que tenemos. Frase extraída del primer volumen de Cuadernos de Lanzarote, del escritor portugués José Saramago, y que transcrita en su forma completa dice: Somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos, sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizás no merezcamos existir.

Llegan así, al día cuatro de agosto. Para entonces ya se ha invitado a un cuarto compañero –Roberto–, pero aun así se conserva el nombre y número originales. Son las cinco de la tarde del domingo. Llegan a las oficinas del periódico. Muestran cada uno sus textos. El Suplemento constará de cuatro páginas –Manuel, director del rotativo, así lo ha concedido–. Al terminar la edición que verá la luz al día siguiente muy temprano, cada uno lo vive a su modo. Están excitados, bromistas, serenos, felices.

De esta manera es como inician un quehacer escritural que los lunes, cada catorce días, les llevará a publicar, primero, textos propios y después a incluir colaboraciones de narradores y poetas de diversas ciudades del estado de Tamaulipas o el vecino Nuevo León y, no en pocas ocasiones, textos provenientes de más allá de las fronteras del país. Marilia (Brasil), Mariona (USA), Lovo (Nicaragua), Keily Tammaru (Estonia), son algunos de ellos.

Luego pasarán los años. Alguien, por razones más allá de su voluntad, se alejará; otro se irá de la ciudad. Y otro más, morirá. En alguna fecha memorable, como el día de hoy por ejemplo, uno de ellos, querrá escribir un texto breve para nombrarlos, recordarlos, hacerles un homenaje desde el terreno de los afectos que trenzan sus renglones. Y decirles que, en donde estén, deben saber que Colectivo3 sigue vivo.

Porque luego vinieron Miguel Ángel y Ausencio. Y también escribieron y diseñaron por años. Y eso ayudó a que el barco se mantuviera a flote. Y navegando.

Hoy empezamos a pisar el año número dieciocho, el de la mayoría de edad, digo a Miguel Ángel. Él responde: se dice fácil, ¿verdad? Permanezco callado, pero bien conmigo. Bien.

Están llegando nuevos nombres, nuevas plumas a escribir. Maryan, Arturo, Alejandra, Juan José, Yollotl, Roberto, María Antonieta, Luis, quienes a su vez son parte del grupo literario independiente Té de Leer: hermano, hijo, primo lejano, amigo, pariente, compañero, compa, corredor de relevos que recibe la estafeta –vaya uno a saber– de Colectivo3. Ellos ahora seguirán dándole vida, cada dos lunes, al Suplemento. Se reunirán un día, en un café céntrico. Entrados en la conversación, soñarán publicar en un periódico local. Y si observamos con detenimiento, podríamos descubrir entusiasmo en las miradas, emoción en las opiniones, ansiedad e incertidumbre en los silencios.

 

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